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castidad verdadera, se veía conferir la inapreciable condición de Yazata. «La mujer justa, rica
en buenos pensamientos, en buenas palabras y en buenas acciones, bien instruida, perfecta,
obediente a su marido y casta, es decir, semejante a Aramaiti (la Devoción matrimonial), ella es
la buena y la que así mismo se asemeja a las otras Yazatas femeninas» (Gah. IV, 9).
Si en ninguno de los pueblos asiáticos la igualdad entre los sexos era tan perfecta en lo
que afectaba a muchas obligaciones sociales como entre los que se regían por el código de la
moral zoroastriana, tampoco en ninguno, en cambio, o en muy pocos, las cortesanas eran
menos estimadas, puesto que las mujeres que renunciaban públicamente a la castidad eran
tildades de víboras y de lobas. En el Vendidad, XVIII, 63-65, se lee: «Su mirada deseca una
tercera parte de las aguas que corren abundantemente; su mirada arrebata un tercio de la
vegetación de los árboles en flor, magníficos y que verdean; su mirada priva de un tercio de su
verdura a la tierra fecunda; su contacto destruye un tercio del valor, de la victoria y de la
sinceridad de una persona justa, que tenga buenos pensamientos, que pronuncie buenas
palabras y que realice buenas obras. Por ello te digo, ¡oh Santo Zarathustra!, que la que tal sea
merece la muerte más aún que la merecerían las serpientes que se arrastran y los lobos que
aullan, o que la loba que ronda y cae sobre el rebaño, o la rana que se zambulle en el agua con
sus mil crías.»
En cuanto a la piedad compasiva, es mencionada como atributo del hombre fuerte, al que
corona de gloria. Zarathustra pregunta a Ahura Mazda: «¿Cómo debemos adorarte, a Ti y a tu
Amesha-Spenta?» y el Todo Poderoso responde: «Aquel que desea agradarme en este Mundo
es preciso que desee desarrollar (favorecer, aumentar) mi creación. Es preciso que la persona
con la que Ahura Mazda quiera amistad, agrade a los justos, aliviando a los que sufren y
protegiéndolos contra aquellos cuyo espíritu se dirige hacia el mal.» (Pahlavi Rivayet, texto
anejo al Shayast la Shayast, XV, 3 y 7).
No menos importante en la lista de virtudes positivas que deben cultivar los discípulos de
Zarathustra, y aún más, puesto que ocupa el primer lugar, es la caridad, precepto fundamental
de esta religión que luego, a través del cristianismo, heredaría el Islam. En el Ahunavar se lee:
«Aquel que asiste al pobre abandonado proclama el reino de Dios.» «¡Oh Mazda! ¿Cuál es tu
Reino? ¿Cuál es tu voluntad para que obrando de acuerdo con ella yo pueda conseguir tu
amistad?» Ahura Mazda responde: «Alcanzarás mi amistad ayudando a los pobres que se te
asemejan, que viven como justos y cuyo espíritu es bueno.» (Ghata Ahunavad Yasna, XXIV, 5).
«¡Oh zoroastrianos mazdeístas! Aliviad a aquellos que han caído en la desgracia» (Vispared,
XV, 1). Otra invocación: «¡Pueda en esta casa triunfar la generosidad sobre la avaricia!» Otra:
«Aquel que, bien que poseyendo medios suficientes, no practica sin dudarlo la caridad,
rápidamente irá a la ruina sin intentar siquiera evitarla.» Aún otra: «Que los tormentos caigan
en abundancia sobre aquel que no siente sentimiento alguno caritativo.» La fraternidad
zoroastriana rechazaba con toda crudeza las inclinaciones egoístas y sórdidas. Los que tal
eran, sentían y pensaban que sus rezos y ofrendas jamás eran aceptadas por Dios. En el Aban
Yasht el Señor todopoderoso dice: «Me guardaré muy mucho, sí, de aceptar las ofrendas y los
ruegos que me traigan o me dirijan los perversos, los crueles y los egoístas.»
La beneficencia era también considerada por los zoroastrianos como una virtud social
sumamente estimada en el Cielo. Ahura Mazda estimaba más, por considerarla más útil, una
buena acción que diez mil oraciones. En el Afrin-e-Buzorgan, se lee: «Sé superlativamente
bienhechor, como el Señor Ahura Mazda lo es con sus criaturas.» Y en el Vispared: «Estad
dispuestos con pies, manos e inteligencia, ¡oh mazdeístas zoroastrianos!, para llevar a cabo
acciones buenas, adecuadas y hechas en el tiempo preciso, y para evitar las acciones malas,
inadecuadas e inoportunas. Sé vivo en cumplir en este Mundo buenas acciones y en ayudar a
los abandonados y a los necesitados.» Para que se tuviera siempre presente esta obligación
