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pero especialmente porque todo deudor se vería necesariamente conducido a proferir
mentiras.» Rectitud, veracidad, sinceridad: ¡Buen trípode para empezar a levantar sobre él una
moral! Sigamos.
La justicia. Según el Avesta, la justicia era inseparable de la sinceridad. A causa de ello
Arshtat o Ashtad, el Yazata que presidía la sinceridad, se asociaba constantemente con
Rashnu, el Yazata patrón de la justicia. Cuando el día del juicio (cuarto luego de la muerte), el
alma del difunto era juzgada por Meher Davar, este dispensador de la justicia postuma era
asistido por dos colaboradores, Arshtat y Rashnu. A causa de ello, los zoroastrianos invocaban
de este modo a Rashnu en sus rezos cotidianos: «Invocamos la palabra pronunciada con
sinceridad. Invocamos la justa obediencia. Invocamos la noble rectitud. Invocamos las palabras
que comunican fuerza y dignidad viriles. Invocamos la paz que da la victoria. Invocamos la
verdad, que extiende en el Mundo la prosperidad y que es la característica principal de la
religión mazdayaneana. Invocamos a Rashnu el superlativamente sincero.» (Visparad, VII, 1,
2). Parece que invocar virtudes sea lo lógico y lo generoso, pues el que es virtuoso lo es en
favor de todos; mientras que invocar divinidades esperando que favorezcan al que reza,
además de inútil, lo egoísta, lo interesado.
La verdad. «Un discurso enunciado según la verdad, dice el Sarosh Yast Hadokjt, es el
más victorioso en la asamblea.» Los Gathas, declarando que el testimonio verídico y la justicia
agradan a Dios, exhortan a los devotos a cultivar la virtud de la imparcialidad y la de la justicia.
Otra prescripción del mismo tipo: «Militad, para sostener vuestra causa, empleando medios
leales hasta con vuestros enemigos.» La justicia era de tal modo estimada, que un juez justo e
imparcial era declarado santo y comparado a Ahura Mazda y a los Ameshas Spentas, mientras
que el injusto era asimilado a Ahrimán y a los Daevas. Así mismo, según el Minokherad, buen
gobierno es aquel cuyas intenciones y actos están destinados a hacer prosperar la ciudad y a
evitar la miseria, lo que se consigue abrogando reglamentos injustos y promulgando otros
justos e imparciales. El Meher Yasht empieza mediante las exhortaciones siguientes,
prescribiendo la fidelidad a los compromisos adquiridos: «El hombre que ha cometido la falta
consistente en violar su compromiso es culpable de un acto equivalente a perjudicar al país
todo entero. Por consiguiente, no rompas un pacto que te obliga, ora lo hayas establecido
mediante un Asho o un Darvand, pues tanto uno como otro son votos que obligan.» De modo
semejante, el Yasna insiste sobre la fidelidad en lo que afecta a librarse de deudas y
compromisos: «En toda ocasión y circunstancias es preciso pagar las deudas a aquellos con
los que se las ha contraído en virtud de un pensamiento verdadero, palabra verídica e intención
sincera.» Justicia, rectitud, honradez: no creo que haya medio mejor de ser piadoso ni religión
mejor que la que tal aconseja. Los parsis tienen fama de ser perfectamente honrados y rectos
en sus tratos y compromisos. Si hubiese dioses parece difícil dudar que estimarían a los que
obran y piensan así y no a los bribones capaces de toda clase de engaños y trapacerías no
obstante llevar siempre el rosario al alcance de la mano y ser generosos sólo en darse golpes
de pecho en presencia de los demás. Adelante.
La castidad. En esta religión no hay ni un solo precepto que aconseje, violando y
oponiéndose a las inclinaciones más naturales, que el hombre se aparte de la mujer y la mujer
del hombre, ni que considere casto y meritorio el obrar de tal manera. De lo único que habla, y
con insistencia, la religión de Zarathustra, es de castidad matrimonial, práctica la mejor de las
que santifican la vida conyugal. Obligación, por lo demás, que se recomendaba y exigía de un
modo igual y exacto tanto a la mujer como al hombre. En el Yasna, Lili, 3, 5, se lee: «A las
vírgenes que van a casarse dirijo palabras de advertencia, lo mismo que a vosotros, ¡oh futuros
maridos! Escuchadlas con el mayor interés, y esforzaos por practicar una vida de acuerdo con
el buen Espíritu, con objeto de que vuestra existencia doméstica sea dichosa.» La mujer que
camina constantemente por el sendero de la fidelidad conyugal, que era lo que constituía su