El Avesta.pdf

Vista previa de texto
«espíritu puro»; aquellas carnes a las que tanto agradaba antes el «fresco del jardín».
Naturalmente, «á tout seigneur tout honneur», como dicen los franceses, para Dios ya tan
importante un jardín era poco y nació el paraíso mencionado ya con este nombre en el capítulo
XXVII del libro de Enoch y posteriormente en diversos tratados talmúdicos.
Como era natural también, al ir tomando cuerpo la palabra pardés en la literatura rabínica,
tenía que apartarse cada vez más de geyhinnom: la gehenne; respondiendo en cambio al
concepto que representaba de acuerdo con la antigua idea zoroastriana, ya judaizada, de
Reino por venir, como lo prueba la denominación postbíblica 'olam ha-ba, es decir, el mundo
que llega. Y del mismo modo que el Saoshyant o Salvador anunciaría el Buen reino de Ahura
Mazda, el judeo-cristiano el de su Padre. Paraíso que tanto en una religión como en otra sería
el de los elegidos, su mansión propia y adecuada, o sea, el mundo de las almas ('Olám haneshá mot; neshem implica la idea de aliento, de respiración, o sea, exactamente como el
iranio menyú o mainyú), noción que se oponía al mundo de los cuerpos que era el mundo de
Ahrimán. Lo que también siguieron los teólogos cristianos que para que los cuerpos pudiesen
ser quemados en el mundo o reino de su Ahrimán, no tuvieron más remedio que hablar de un
infierno a base de tormentos mediante el fuego, luego de una resurrección de los cuerpos,
pues las almas difícil hubiera sido que se quemasen en él, puesto que tan sólo eran espíritu.
Con los buenos el problema era más sencillo: tras la resurrección irían al Paraíso, de Dios,
como en el zoroastrismo iban a la del Bueno por excelencia, Ahura Mazda.
En cuanto al término hebreo geyhinnom del que los traductores griegos primero, y luego
los latinos, sacaron gehenne, es difícil precisar su verdadera fuente. Unos pretenden que salió
de Gey-Hinnon o valle de Hinnón, lugar próximo a Jerusalén; otros hablan de una forma
popular avéstica gaethanam que dio el plural persa jihan. Y como gaethanam significa de los
cuerpos, han visto en ello (mansión) de los cuerpos, igual gehenne, igual infierno, en oposición
a mansión de los espíritus o paraíso.
En lo que al Avesta afecta, que es lo que ahora nos interesa, en su estado actual (cierto
que incompleto y fragmentario), no da ninguna descripción del infierno zoroastriano. Pero como
la cosa era importante no dejó de tentar las fantasías y varias obras pehlevis, entre ellas el Arta
viraf namak, se ocupan ampliamente de predecir e informar dónde y cómo sufrirán los
infractores de la doctrina de Zoroastro; lo que debemos a los que luego de él la enmendaron a
su gusto sin el menor respeto. Según este libro, además, es en la cima de un monte, el
Arezura, situado al Norte como el infierno germánico, donde Anhrimán reúne a sus milicias
para desde allí caer sobre la Humanidad. El mismo se lanzó desde él para tentar a Zoroastro.
En todo caso el infierno de Ahrimán parece ser, según lo que aseguran los que saben de esto,
que está lleno de animales ahrimanianos o ahrimanenses, a saber: serpientes, sapos, ratas,
piojos y miseria de índole semejante. Naturalmente es un reino de tinieblas densas, de fetidez,
de soledad, de horror y, como ya he dicho, ¡de frío!
En fin, en los Gathas (Yasna XXXIH, 1) encontramos el Hamestakán o Purgatorio
zoroastriano, lugar intermedio entre su Paraíso y su Infierno. Por cierto, que como en tiempos
del profeta persa el fuego no había llegado aún a ser considerado, como actualmente entre
guebres y parsis, elemento divino, la tradición zoroastriana de entonces habla, la primera, de la
purificación en él mediante fuego. El Bundahishn, libro posterior pero que conserva gran
número de detalles antiguos, dice exactamente (XXX, 2): «Todos los hombres pasarán por el
metal fundido y se tornarán puros; en lo que afecta a los justos les parecerá marchar a través
de leche caliente.» El libro de Enoch (Lili, 6-7; LXVII, 6-7) reproduce la tradición zoroastriana
bien que, como es natural, con un lujo de detalles a que ésta no llegó. De copiar las cosas,
mejorarlas para que no se note tanto el plagio, que se diría, tal vez, el desconocido autor de
texto tan curioso e importante en lo que a referir mentiras y fantasías afecta. Este purgatorio,
este Hamestakán, por lo demás, lo mismo que el cristiano destinado está a desaparecer, como
mansión transitoria que es, tras el Juicio final, cuando el Salvador anunciado o el propio Ahura
