El Avesta.pdf

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del rey, cayó grave y extrañamente enfermo: sus cuatro patas quedaron, sin saberse cómo,
pegadas a su vientre, y cuanto hicieron los veterinarios oficiales más los conjuntos
sacerdotales inútil fue para que se despegasen. ¿Hará falta decir que Zoroastro lo consiguió
con la misma facilidad con que hubiera separado de una bandeja de plata cuatro pétalos de
rosa caídos en ella? Sin contar que bien nos consta que no fue Zarathustra el único que salió
de una prisión para servir a su rey, pues por la Biblia, por ejemplo, sabemos que José el Casto
hizo lo mismo. En cuanto a nuestro profeta, su habilidad curando a Hermosura Negra le valió la
adhesión incondicional, ya, del rey; e incluso del hijo de este, Isfendiar; y que con el fervor, esta
vez bien encendido, de la corte, pudiese emprender de modo abierto, e incluso triunfante, su
predicación.
Y ya, ayudado por los favores del Cielo así como de los poderosos del pedazo de la Tierra
donde todo esto ocurría, su vida, si no siempre fácil, sí fue mucho más fructífera y feliz. Podría
hablar de la gran victoria que obtuvo sobre Cangranghacah (ciertos nombres son tan raros que
algunos creerán que estoy de broma, sin pensar que precisamente del modo más serio es
como se dicen, con objeto de hacerlas creer, las grandes mentiras), brahmán tremendamente
sabio que vino de la India para confundirle. Pero no sabía con quién tenía que habérselas, y
maravillado y confundido él mismo, se convirtió a la fe del que pensaba hacer un lío, y al
Indostán se volvió con tal fuego mazdeísta que por lo visto, en un momento convirtió a ochenta
mil personas.
Volviendo a Zoroastro y con objeto de acabar ya su maravillosa historia legendaria, no
tengo más remedio que decir que Ahura Mazda acabaría por juzgar que no era conveniente
que todo fuese rosa en lo que le quedaba de vida, y suscitó la guerra con Arjasp, en la que
Zarathustra encontró la muerte, cosa frecuente en las guerras, y, como también ocurre a veces,
de modo violento. Pero no sin autorizarle a acabar gloriosamente, como le correspondía, es
decir, tras un último milagro: como un turanio salvaje le hiriese de muerte, no obstante sus
muchos años y tener el pecho como un alfiletero, no se fue definitivamente con Ahura Mazda
sin haber acabado con su adversario tirándole a la cabeza el rosario que tenía en la mano.
Varias cuentas del bendito rosario llegaron por lo visto hasta la pia-mater del bárbaro que,
claro, no tuvo más remedio que perecer.
Si ahora pensamos un poco que en la doctrina de Zoroastro (que los redactores de las
Crónicas conocieron en Babilonia), el Espíritu del Mal era «el adversario» de Ahura Mazda, y
que la palabra Satán significa precisamente el adversario, evidente resulta que, como ya he
dicho, Satán o el Demonio fue un regalo que el Mazdeísmo hizo al Judaismo.
Los términos ángeles y demonios han llegado a representar, siguiendo las concepciones
mazdeístas relativas a los buenos espíritus y a los malos espíritus que ayudaban en sus obras
a Ormuzd y a Ahrimán, el papel de esto: de buenos espíritus y de espíritus malos servidores
respectivamente, aquéllos de Dios y éstos del Diablo. Pero hasta que los judíos conocieron,
gracias al destierro en Babilonia, la religión persa, tanto la angeología como la demonología
inventadas por sus sacerdotes (los levitas), eran mucho menos importantes, mucho menos
consistentes, por decirlo así; mucho más vagas. El tnal'akh de Yahvé no pasaba de ser una
especie de delegado, de encargado de negocios de este Dios. Incluso una especie de
hipostasis suya más bien que un ángel. Esta palabra era empleada también en el sentido de
embajador. En cuanto a los Beny o Beney'Elohím, citados muy especialmente en el Génesis,
eran, como su nombre indica literalmente, los hijos de Elohím. Pero ¿qué variedad de hijos era
ésta?, ¿qué clase de seres designaba? En verdad, no se sabe. Ahora bien, sí que nada tenían
de común con los supuestos espíritus llamados después ángeles; esto parece evidente puesto
que, como en el propio Génesis se lee (VI, 2-4), «Viendo los hijos de Dios que las hijas de los
hombres eran hermosas se unieron con ellas», y el resultado fue los gigantes, héroes que
