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Desde varios sectores se ha cuestionado la escasa transparencia en la gestión del programa y el carácter asistencialista y clientelar del componente de entrega del bono, que se ha
utilizado con fines electoralistas.42 Por otro lado, el programa ha ignorado el problema de
falta de tierras que enfrentan las mujeres principalmente. En sus primeros años se exigía
como requisito contar al menos con una manzana, la superficie mínima para alimentar a
una vaca, en propiedad o en arriendo. Sin embargo no se acompañó de ningún tipo de esfuerzo para facilitar el acceso de las mujeres a la tierra. En casos puntuales, para poder optar a recibir el BPA algunos hombres cedieron parcelas de tierra a nombre de las mujeres
de forma que cumpliesen con el requisito exigido. Pero en general la falta de acceso a la tierra ha dificultado alcanzar las metas de producción establecidas, excluyó a las mujeres más
necesitadas y frustró a las que finalmente vendieron la vaca que les había sido entregada
por no ser capaces de afrontar el alto coste del alquiler de la tierra (Grupo Venancia, 2011).
Esto obligó a un cambio de estrategia, y recientemente se han introducido nuevos tipos
de BPA para mujeres sin tierra llamados “bonos de patio”, que no incluyen la vaca. Pero
además los recortes presupuestarios han reducido el personal de acompañamiento técnico, sustituyéndolo por una red de promotoras. Evaluaciones realizadas concluyen que si
bien el programa ha permitido mejorar la dieta familiar de las familias y obtener algunos
ingresos extra con los excedentes, la mayoría de las mujeres ha sido incapaces de ahorrar
el 20% exigido sobre el valor del bono (Grupo Venancia, 2014).
Probablemente si se hubiese abordado adecuadamente el problema de acceso a la tierra y se
hubiera mantenido y fortalecido un acompañamiento más integral a las mujeres el impacto
de Hambre Cero sería mucho mayor. De no hacerlo así, este tipo de programas se convierten en meros paliativos para las familias rurales en situación de mayor vulnerabilidad.
Para un verdadero empoderamiento económico de las mujeres se necesitan enfoques mucho
más integrales, que consideren a las mujeres como protagonistas de cambio y no como beneficiarias de asistencia y que incluyan acciones en diferentes ámbitos, no sólo el productivo. La
experiencia de la organización feminista Xochilt Acatl muestra lo que se puede lograr cuando
se trabaja con una visión transformadora al servicio de las mujeres rurales (cuadro 7).
42 Grupo focal con mujeres líderes de cooperativas rurales. Managua, 3 de agosto de 2015.

© Pablo Tosco/Oxfam

Tierra para nosotras

Marta Herrera en su parcela de frijoles en la comunidad de Palo Blanco, Nicaragua

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