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integran han exigido el cumplimiento de la ley durante todos estos años, y tras su
integración a la campaña CRECE otras organizaciones se han sumado a la causa.39
Pero a pesar de la movilización, con acciones como el envío al presidente Ortega de
“100 cartas en 100 días” por parte de mujeres productoras, aún no se ha logrado
el objetivo.
Las organizaciones proponen iniciar con un programa piloto en tres regiones del
país, involucrando a 300 mujeres rurales para que puedan acceder -mediante crédito
hipotecario- al menos a una manzana de tierra para producir de forma diversificada,
con un componente de habilitación productiva y acompañamiento técnico. La CMR
calcula el coste de este programa piloto en 50 millones de córdobas, equivalente
al 0.06% del Presupuesto General de la República aprobado para 2015. El monto
inicial para la compra de tierras podría ser fortalecido por medio de un mecanismo
de asignación de tierras estatales, que no presionaría por fondos públicos.
Desde el Gobierno se pone en cuestión la necesidad de destinar más esfuerzos a la
compra y distribución de tierras, argumentando que ya se hizo un esfuerzo enorme
con la reforma agraria y después se produjo una venta masiva de tierras. Además se
argumenta que en muchos lugares ya no hay tierra accesible a un precio que puedan asumir las mujeres. Hoy el énfasis se pone en el apoyo para la producción, con
esfuerzos como el del Bono Productivo del programa Hambre Cero.40
Por un lado es cierto que una tierra sin capital para trabajarla, sin infraestructura
productiva, asistencia técnica y acceso adecuado a los mercados puede convertirse
más en una carga que en una solución. Pero la evaluación del programa Hambre
Cero muestra cómo si no se aborda la carencia de tierras su impacto será muy
limitado. Si realmente se busca fortalecer la autonomía económica de las mujeres
se necesitan enfoques integrales y basados en derechos, que comiencen por reconocer su papel en la producción agropecuaria y su necesidad de contar con todos
los recursos básicos para producir, incluida la tierra.
El Programa Hambre Cero o la oportunidad perdida
Inspirado en su homónimo brasileño, el Programa Productivo Alimentario Hambre Cero es
uno de los programas emblemáticos de la administración Ortega y el instrumento central
de la política nacional de seguridad alimentaria. Su objetivo es fortalecer la producción de
alimentos en las familias rurales, y se basa en tres componentes dirigidos específicamente a
mujeres: (1) la adquisición de activos a través de la entrega del Bono Productivo Alimentario41 (BPA); (2) la capacitación vía acompañamiento técnico y talleres; y (3) la organización
a través de la formación de núcleos y cooperativas.
Creado en 2007, primero estuvo dirigido por el Ministerio Agropecuario y Forestal (MAGFOR) y desde 2012 por el Ministerio de Economía Familiar, Comunitaria, Cooperativa y
Asociativa (MEFCCA). Su objetivo inicial era llegar a 75,000 familias, pero a finales de 2012
ya se habían superado las 100,000 entregas del BPA.
39 Comité de Mujeres de Occidente, Federación Agropecuaria de Mujeres Productoras del Campo (Femuprocan), Asomupro, ATC, Centro Humboldt, Ciussan, Fenacoop, MAF, Pecosol, Renicc, UCA, Unapa, UNA y
Oxfam.
40 Entrevista a Orlando Núñez, asesor presidencial para asuntos sociales. Managua, 5 de agosto de 2015.
41 La composición del BPA ha variado con los años: en un inicio consistía en una vaca preñada, una cerda cubierta, un gallo, cinco gallinas, materiales de construcción para acondicionar corrales y porqueriza, plantas y
árboles. En la actualidad se entregan básicamente aves de corral y una cerda. Las mujeres se comprometen
a ahorrar el 20% del valor del bono (estimado en 1,500 dólares) y aportarlo para crear un fondo revolvente.
Tierra para nosotras
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