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el acompañamiento técnico y financiero o de acceso al mercado. Por ello fracasaron en
su intento de modificar la estructura de tenencia ya que la mayoría de los adjudicatarios
no fueron capaces de alcanzar un uso productivo rentable y terminaron abandonando o
vendiendo la tierra. La exclusión de género también contribuyó a la reconcentración, pues
aunque en general las mujeres se resisten más que los hombres a desprenderse de la tierra,
al carecer de derechos legales no pudieron evitar la venta masiva.
Barreras culturales
Los obstáculos que impiden a las mujeres ejercer su derecho a la tierra son complejos, se
refuerzan entre sí y dependen de cada contexto específico, si bien es posible identificar aspectos comunes en todos los países estudiados. La principal barrera cultural es que no se
reconoce a las mujeres rurales como productoras agrícolas pues todas las tareas
que llevan a cabo en la unidad familiar son asimiladas como una extensión del trabajo doméstico, igualmente invisible e infravalorado. En general se toma a la familia como referencia
de la unidad productiva y al hombre como el jefe de familia, situándolo en el centro de las
políticas y programas de redistribución de tierras y de asistencia al desarrollo agropecuario.
Por su parte, las organizaciones campesinas e indígenas tradicionalmente han excluido a las
mujeres como socias y en los órganos de dirección. Esto les impide participar en las decisiones y en
los beneficios, y sobre todo acceder a la tierra a través de los programas estatales de distribución
y titulación colectiva. Por ello las mujeres organizadas demandan cambios en las leyes que rigen los
sistemas de cooperativas. Es el caso de El Salvador, donde la Alianza de Mujeres Cooperativistas
ha planteado una serie de reformas a la Ley General de Asociaciones Cooperativas, encaminadas
entre otras cosas a garantizar una participación activa, igualitaria y equitativa en las decisiones,
disposición y control de los recursos de las cooperativas así como en el goce de los beneficios.
En ocasiones son las propias mujeres quienes renuncian a sus derechos debido a imposiciones
culturales socialmente aceptadas. Por ejemplo en la herencia, a pesar de la igualdad de derechos
consagrada en las leyes nacionales, a menudo en la práctica las mujeres viudas ceden las tierras
que les corresponden a favor de sus hijos varones para que ellos asuman la explotación familiar.
Barreras legales e institucionales
© Pablo Tosco/Oxfam
Tierra para nosotras
Maria Lidia Guardado, campesina salvadoreña
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