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Mujeres invisibles

© Pablo Tosco

El papel de las mujeres rurales como productoras agrícolas no es visible, a pesar de su importantísima contribución a las economías locales y a la seguridad y soberanía alimentaria.
El último censo agropecuario de Nicaragua, por ejemplo, apenas contabilizaba 61,000 mujeres productoras agrícolas respecto a una población total de 1,100,000 mujeres rurales.
Las cuentas nacionales y las estadísticas de empleo tampoco incluyen en sus cálculos el aporte
económico de las mujeres ni las consideran población ocupada. En toda la región de América
Latina, de 58 millones de mujeres rurales sólo 17 millones son reconocidas como parte de la
población económicamente activa. Esto tiene graves implicaciones cuando tratan de optar a
programas estatales de adjudicación de tierras o de fomento productivo. Es el caso de El Salvador, donde muchas mujeres son excluidas como demandantes de tierra porque la ocupación
que registra su documento oficial de identidad es la de ama de casa en lugar de agricultora.

La brecha de género en el acceso a la tierra
En todos los países existen leyes que reconocen la igualdad de derechos entre hombres y
mujeres, pero se da una profunda brecha entre la igualdad formal y la igualdad real ya que
en la práctica las mujeres rurales cada vez tienen menos tierra, de peor calidad y
con menor seguridad jurídica.
La mayoría de las mujeres centroamericanas cultivan una tierra que no les pertenece, sino
que acceden a ella a través del alquiler, la mediería, el préstamo o el colonato. Esto implica que
no pueden decidir libremente qué y cómo producir, no saben si el siguiente año podrán volver a
sembrar y deben entregar una parte de la cosecha o de los beneficios al propietario de la tierra.
Con la expansión imparable del monocultivo industrial -entre 1990 y 2010 las áreas destinadas al
cultivo de caña y palma africana se han duplicado y cuadruplicado respectivamente en la regióncada vez les resulta más difícil y más caro encontrar un pedazo de tierra donde cultivar.
La brecha de género en el acceso a la tierra no ha dejado de ensancharse. Según los últimos
datos disponibles las mujeres apenas poseen el 12% de la tierra en Honduras y
utilizan el 15% en Guatemala. En el caso de El Salvador, sólo el 13% de los títulos

Tierra para nosotras

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