Los signos del zodÃaco Louise Huber.pdf

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Leo
integración, después de cada etapa empleamos la palabra sagrada OM para eliminar cualquier vibración perturbadora.
Cuerpo físico
Estoy completamente relajado y percibo mi cuerpo.
Estoy sentado en la silla, la silla está sostenida por
la casa, la casa por la Tierra, la Tierra por nuestro sistema solar. Esta jerarquía de soportes asegura mi existencia. Estoy en calma, abro mi cuerpo
a la luz del alma y lo dedico a una elevada percepción y conciencia, a la perfecta autoexpresión.
OM
Cuerpo emocional
Tengo sentimientos de alegría y de esperanza pero
también de inseguridad y de miedo. El mundo emocional varía con los cambios del estado de ánimo.
Lo calmo imaginando las tranquilas aguas de un lago en las que se refleja la Luna. Mi cuerpo emocional está sereno y es un puro reflector de la luz
del alma. Lo dedico a la transmisión del amor divino.
OM
Cuerpo mental
Elevo mi conciencia a la cabeza, al centro del cerebro, al punto desde el que pienso. Los pensamientos van y vienen. Fluyen a mi través. Los observo: son como olas encrespadas. Yo soy el observador. Soy un centro de calma que percibe. Tengo
la libre elección de pensar sólo en lo que es bueno para mí y para toda la humanidad. Dedico mis
pensamientos al reconocimiento creativo de lo bueno.
OM
Alineamiento con el alma
Ahora vuelvo mi mirada interior hacia arriba, emito un
inaudible OM y me uno con mi alma, mi verdadero yo.
Desde aquí puedo verme tal como realmente soy.
3. Ejercicio de visualización (Leo)
Me veo y me experimento en mis roles. Tengo muchas
caras. Interpreto distintos papeles. Pero, sólo una parte
de mí está en mis roles, mis funciones y mis tareas.
Soy un centro radiante de vida en mi corazón y de clara
conciencia en mi cabeza. Soy el verdadero yo y doy vida
a mi personalidad. Soy el yo, soy el alma y me expando e
irradio luz, amor y comprensión hacia mi personalidad y
hacia mis semejantes como un sol. Así pues, soy ambos:
«Yo soy ése y ése soy yo.»
Llevo mi conciencia al punto más alto de mi cabeza,
bajo lentamente por la nuca, continúo hasta las cervicales y luego me deslizo poco a poco hacia abajo por la
columna. Me detengo entre los omóplatos, siento una
sensación de cosquilleo y me deslizo hasta el centro etérico del corazón. Allí, con mi mirada interior, puedo ver
una flor de loto blanca cerrada. Mi cara está tan cerca
que puedo oler una fina fragancia.
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