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Leo
El corazón de Leo y la experiencia del amor
Leo está dispuesto a afrontar el riesgo de la autoexperiencia y a dinamitar sus barreras restrictivas con la fuerza solar interna de su corazón. Experimenta su propio yo
en el encuentro con los demás, participando en grupos o
en relaciones de amor auténticas, y en ese proceso sufre
profundas transformaciones interiores ocasionadas por
el amor. El corazón está regido por Leo y, precisamente, el centro del corazón es lo que debe desarrollarse.
Cuando Leo despierta al verdadero y auténtico amor es
capaz de mantener relaciones humanas en las que no
persigue la posesión ni el poder ni la utilización sexual
del otro sino que pretende dar y tomar al mismo tiempo (lo mismo que hace el corazón al latir). Más allá de
la vanidosa autoadmiración o del temeroso encerrarse
dentro de sí mismo, Leo puede darse cuenta de cómo
es en realidad a través de sus propias reacciones en las
relaciones con los demás y mediante la auténtica experiencia del amor. Pero para eso debe afrontar el riesgo
del amor: el amor necesario para toda transformación
o auténtica autoexperiencia.
Por lo tanto, la tarea más importante de Leo consiste
en desarrollar la capacidad de reacción sensible de su
corazón y cultivar el auténtico amor. De esta forma, desde el centro de su pequeño universo, es sensible a los
impulsos del exterior y a las necesidades de los demás,
a quienes dedica su corazón y abre su conciencia.
El símbolo del Sol está formado por un punto focal situado en el centro de un círculo que lo encierra. De la misma
forma, el yo (la autoconciencia) debe estar preparado
para irradiar desde este punto focal hacia su entorno,
expandiendo continuamente su radio de acción.
El pensamiento semilla esotérico de Leo
«Yo soy ése y ése soy yo.»
Leo es dos cosas simultáneamente: núcleo interno y entorno. A través de la experiencia consciente de su propio
yo, Leo desarrolla una sensibilidad espiritual que lo capacita para percibir y entrar en contacto con el verdadero
yo de los demás. En todo el universo, la conciencia, la
capacidad sensible del alma o la fuerza del amor es el
agente que subyace en la base del Plan de la creación
y que mantiene el desarrollo y la evolución en marcha.
La meta de toda la evolución humana es la autoconciencia, de ahí que el Sol (símbolo de la autoconciencia) sea
el regente tanto exotérico como esotérico del signo de
Leo.
Cuando Leo «tiene el corazón en su sitio» (como se dice
en lenguaje popular) no se encierra en sí mismo con
falso orgullo sino que está dispuesto a dar y a recibir.
Como sabemos, a veces Leo es demasiado orgulloso
para aceptar algo o para dejarse ayudar en caso de
necesidad. Cree que puede hacerlo todo por sí sólo pero
con esta actitud lo único que consigue es que su yo se
cerrar
