Los signos del zodÃaco Louise Huber.pdf

Vista previa de texto
77
Leo
sólo se ajusta a los requerimientos de la situación existente y a las expectativas de los demás. Se comporta de
una forma completamente diferente a como realmente
es. Las consecuencias de esto no son sólo un comportamiento erróneo sino también un miedo y un sentimiento
de culpabilidad crecientes. Intenta ser lo que no es y lo
único que consigue es separarse cada vez más de su
verdadero yo.
Además existe un peligro adicional: puede suceder que,
estando identificado con los roles que se ha visto obligado a interpretar durante tanto tiempo, Leo no encuentre
el camino de vuelta hacia sí mismo. En ese caso, al no
existir conexión con los valores originales de su propio ser interno, todo lo que consigue y hace con sus
habilidades y talentos resulta falto de autenticidad y distorsionado. Tarde o temprano, esta situación conduce
a un naufragio.
Por lo tanto, para Leo, lo más importante es conseguir
clarificar la diferencia entre lo que verdaderamente es
en su profundo interior y lo que ha hecho de sí mismo
debido a las exigencias del mundo exterior: ¿Dónde
empieza mi adaptación, dónde empieza el rol que debo
interpretar en función de mis objetivos y qué quiero
realmente?
Los disfraces no son fáciles de reconocer y los egos ilusorios no son sencillos de desmantelar. Muchas personas
usan gran parte de su energía anímica en mantener por
todos los medios esas máscaras porque tienen miedo
de que alguien pueda mirar en su interior y descubrir la
verdad.
Todos conocemos el miedo que tenemos de abrirnos
cuando no tenemos la seguridad de que los demás nos
comprendan o cuando existe el riesgo de resultar heridos. Estas corazas de protección se forman normalmente en la niñez. En su infancia, el yo necesita protección y
ayuda (tanto interior como exterior) para que el efecto
de la influencia del entorno no sea demasiado intenso.
Así pues, construimos determinados mecanismos de defensa para nuestra propia protección. Esto es necesario
en la niñez pero, si al convertirnos en adultos permitimos que esas corazas de protección se endurezcan y se
conviertan en barreras impenetrables simplemente porque creemos que aún debemos continuar escondiéndonos detrás de las mismas, los efectos pueden ser funestos. Cuando ya no podemos encontrar la salida de esta
prisión, entonces nos sentamos en soledad entre sus
muros. Vivir en una fortaleza vacía guardando una falsa
autoimagen no tiene ningún sentido. Es un autoengaño
que, por lo general, está relacionado con la negativa a
enfrentarse con la auténtica vida y a experimentarse a
uno mismo. Al final sólo vemos y oímos aquello que sirve a nuestra autoconfirmación y a nuestro amor propio,
desaprovechando así las oportunidades para nuestro
desarrollo.
cerrar
