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Leo
por el destino de los demás y mediante su disposición
amistosa y generosa, lo cual, por otra parte produce un
efecto favorable en el entorno y en su propio crecimiento. Como un sol, Leo puede dirigir el fuego solar o las
fuerzas solares que fluyen a través de él hacia los demás,
alentarlos y consolarlos con palabras llenas de amor, y
despertar en ellos ánimo y fe en las propias fuerzas y
posibilidades. Así como el Sol mantiene a los planetas
en sus órbitas, Leo puede atraer a sus semejantes, dirigirlos y guiarlos de forma magnética, regalándoles su
calor, su alegría de vivir y su fuerza.
El planeta regente
d
El Sol rige a Leo en los tres planos: físico, emocional y
mental. Los individuos Leo que han avanzado considerablemente en su proceso de desarrollo son portadores
de luz y la irradian a su entorno. El calor de sus corazones llega a sus semejantes. El Sol (el regente) es la
fuerza que trabaja desde su interior hacia el exterior y
les permite saber qué es lo importante y lo esencial en
la vida. Esto se pone de manifiesto en la conocida reserva de Leo, que contiene sus fuerzas internas hasta que
puedan ser empleadas con toda su potencia en el momento apropiado. Es asombroso lo que pueden lograr
cuando utilizan toda esa reserva acumulada de fuerzas
en la consecución de un objetivo. Su impresionante capacidad de actuar en los momentos decisivos y su fuerza
de voluntad integrada y llena de propósito les permite
alcanzar sus metas y conseguir una buena posición en
la vida. No se permiten distracciones con cuestiones secundarias sino que concentran todas sus fuerzas en la
meta. Cuando Leo ha madurado, da siempre en la diana
porque sólo dispara cuando tiene la certeza de alcanzar
su objetivo.
Etapas y peligros del proceso de llegar a ser uno
mismo
Pero antes de alcanzar este punto, Leo debe pasar por
diferentes fases dentro del proceso de llegar a ser uno
mismo. Y en este proceso hay muchas variaciones y muchas etapas. Una de ellas es la fase en la que se comporta
como si ya hubiera alcanzado la verdadera autoconciencia y se identifica con roles y máscaras con las que quiere
impresionar a los demás. Pero la identificación excesiva con su rol y el «pavoneo» acaban provocando una
constante lucha con sus propios sentimientos de autoestima, puesto que lo que está presentando al entorno
no se corresponde con su yo ideal. Si su orgullo gana
la partida, Leo hace todo lo posible por mantener ese
yo aparente y entonces se engaña a sí mismo, engaña
a los demás e intenta salvar su imagen por todos los
medios. Pero con eso sólo consigue alejarse cada vez
más de su verdadero yo. Está convencido de que debe
presentar ante los demás una determinada imagen de
sí mismo (pero esa imagen sólo es una forma que no
deja salir su verdadero yo). Su comportamiento ya no
está en sintonía con el núcleo central de su ser sino que
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