Los signos del zodíaco Louise Huber.pdf


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Leo

del yo, en Leo con la autoexperimentación y en Sagitario con el desarrollo de la conciencia individual. Cada
una de estas cualidades de fuego produce un efecto en
el proceso de llegar a ser uno mismo y purifica o transforma la conciencia hasta que se convierte en portadora
del verdadero yo interno que expresa los tres aspectos
creativos de la personalidad: el espíritu en Aries, el alma
en Leo y el cuerpo en Sagitario. En Aries es el fuego cósmico, en Sagitario el fuego planetario y en Leo el fuego
solar. Ésta es la base científica del desarrollo del yo en el
ser humano por la que consigue ser un reflejo perfecto
de los tres tipos de manifestación divina en estos tres
mundos.

La prueba del yo
Leo debe aprender a conocerse a sí mismo mediante
el desarrollo de una correcta autopercepción. Sólo así
podrá llegar a conocer su verdadero yo y también el de
sus semejantes. Para conseguirlo debe liberarse de las
ataduras del colectivo y debe salir al mundo a probar su
yo. Es un proceso aventurado que le ocasiona enredos
y fricciones con su entorno y que también le proporciona sensaciones egoicas de altos vuelos. Leo se percibe
como el motivo y la causa de todo lo que se mueve a
su alrededor y, en ocasiones, esto lo conduce a exigir el
reconocimiento y la estima de sus semejantes, sobrevalorando su propia importancia. En cambio, otras veces
le ocasiona sentimientos de desaliento y autodesprecio.

En Leo debemos descubrir lo que es la verdadera autoconciencia. Muchas personas están convencidas de que
son autoconscientes cuando, en realidad, sólo están movidas por el deseo y creen con total convicción que
tienen derecho a que sus deseos sean respetados y
satisfechos.

La verdadera autoconciencia
La verdadera autoconciencia se muestra cuando una
persona es consciente de su fuerza interna y de su propio potencial creativo, cuando conoce el significado y el
propósito de su vida y cuando tiene una vida autodirigida y un programa de vida desarrollado y definido. Por
esta razón es esencial comprobar constantemente si se
está viviendo sólo para uno mismo o también se hace algo para los demás, es decir, si se muestra interés por los
demás, dedicándose a ellos y proporcionándoles parte
de la propia fuerza interior.
Una autoconciencia desarrollada supone la existencia
de inteligencia, de percepción mental y de un cierto grado de integración. Alguien que se mueve exclusivamente por emociones y deseos egoístas se encuentra lejos
de la verdadera autoconciencia. Pero, cuando Leo es
alimentado y motivado por su ser interior, entonces irradia una alegría de vivir auténtica y benefactora, sobre
todo en entornos que lo necesiten y en los que su fuerza
y asistencia sean requeridas y apreciadas. Entonces se
gana el corazón de sus semejantes mediante su interés

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