Los signos del zodíaco Louise Huber.pdf


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Aries

trabajar en su construcción, por ejemplo, liberándonos
de las dependencias excesivas de nuestro entorno y
aceptándonos tal como somos en realidad.
Si queremos tener éxito en la vida, necesitamos una forma adecuada para funcionar en el mundo, es decir, un
yo fuerte y resistente. Si no lo tenemos, las influencias
externas nos afectan excesivamente y nos convertimos
en juguetes del entorno. Pero si el yo es demasiado fuerte existe el peligro de que cristalice y, en ese caso, la
forma está tan cerrada que nada puede entrar ni tampoco salir. Una persona así es cautiva de la forma de su
yo. Es como si estuviera en una prisión: no está abierta a
sus semejantes ni es permeable a la irradiación de su ser
interior. En el mes de Aries podemos emplear la fuerza
impulsiva ariana para derribar los muros que, en errónea autodefensa, hemos erigido a nuestro alrededor.
Por lo general, el individuo Aries tiene una clara conciencia de sí mismo. Aries es el primer signo de la cruz
cardinal y es completamente natural que una persona
con énfasis en este tipo de energía se sienta impulsada a la actividad por fuerzas internas y externas, con
el propósito de crear un mundo nuevo y mejor. Pero
siempre existe el peligro de que, debido a una ambición derivada de un exceso de énfasis en el yo, intente
sobrepasar a los demás en algún ámbito, bien sea en
conocimientos, en cultura, en su propia profesión o en
cualquier otro aspecto. Entonces, con mucha facilidad,
se cae en una sobrevaloración de la propia importancia

personal, surge un espíritu de competitividad insano y
se producen luchas de poder. Con frecuencia, la fuerte
tendencia a la extroversión de Aries lo lleva a intentar
resolver los problemas y los conflictos mediante enfrentamientos con el mundo exterior, en lugar de hacerlo
en su interior. Generalmente, atribuye el éxito que obtiene en el mundo a sus propias fuerzas y sobre esto
construye su autoconciencia.
Pero, en las personas espiritualmente orientadas, lo
esencial es el nuevo nacimiento, es decir, el nacimiento
del verdadero yo: el yo que forma parte del ser eterno.
En el mes de Aries podemos abrirnos y prepararnos de
forma especial para este nuevo nacimiento.
En muchas situaciones, volver al punto de inicio puede
ser de gran ayuda. Allí podemos efectuar correcciones,
rectificar errores y empezar de nuevo. Nuestro punto de
partida es el yo interno: el verdadero yo. En él podemos
encontrar toda la ayuda que necesitamos: una ayuda
que proviene de nuestra más profunda fuente de vida.
Esta fuente de energía nos da la fuerza que nos permite
experimentar el «yo-soy» y nos conduce al «yo-quiero»
y al «yo-puedo». Nos damos cuenta de que somos útiles
y de que nuestra aportación es valiosa. Con esta certeza
interior nuestras fuerzas crecen y nos sentimos capaces
de eliminar los estados no deseados y de crear un nuevo
orden, tanto en nuestro interior como en nuestro entorno, para que la nueva vida que tiene su comienzo en
Aries pueda prosperar.

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