Los signos del zodíaco Louise Huber.pdf


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Aries

Llegar a ser uno mismo
La cuestión del llegar a ser uno mismo es uno de los
temas fundamentales de la existencia humana. En sentido espiritual, ser uno mismo significa desarrollar una
correcta conciencia del yo, es decir, encontrar el verdadero centro. Todo individuo necesita un centro que pueda actuar como recipiente receptor de las energías espirituales. Quien todavía no tenga centro debe construírselo y quien tenga demasiado debe hacerse permeable.
Muchas personas espiritualmente orientadas se preguntan si al concentrarse en el yo no estarán alimentando
su egoísmo. Pero es precisamente todo lo contrario. Si
no conocemos nuestro propio yo, es decir, si llevamos
una vida poco consciente, el yo nos gobierna y hace con
nosotros y con el entorno lo que le place. Si deseamos
controlar las fuerzas del yo, debemos conocerlo a fondo y familiarizarnos con las posibilidades y los efectos
de sus fuerzas. En la vida, un yo demasiado débil es un
obstáculo pero un yo endurecido también lo es. Por lo
tanto, antes de poder tratar con las energías espirituales
sin riesgo, primero debemos esforzarnos por alcanzar
una conciencia del yo sólida y firme. La relación con
nuestro entorno, con nosotros mismos, con nuestro ser
más esencial y con lo trascendental depende de ello.
En este proceso, lo esencial es aprender a decirse «sí» a
uno mismo. Hay que aprender a dar un paso al frente y
mostrarse al mundo afirmando: «Yo soy así, pienso así

y actúo así. No me rijo por la opinión de los demás. Soy
como soy».
La mayoría de personas tienen miedo a presentarse como realmente son. Temen que se las juzgue mal o que
los demás vean sus puntos débiles.
El ser o el yo recién nacido que se manifiesta por primera vez en Aries todavía no está completamente formado,
es inseguro, se lo puede herir con facilidad y se siente
amenazado por fuerzas desconocidas. Necesita apoyo
y ayuda desde fuera y desde dentro. Si el entorno ejerce un efecto demasiado intenso en este pequeño ser,
acabará construyendo un mecanismo de defensa para
protegerse. Esto es perfectamente natural y comprensible en la infancia pero, si esta situación continúa en el
adulto, existe el riesgo de perder la propia forma de ser.
Quien está demasiado ocupado protegiéndose del mundo exterior o quien quiere satisfacer todas las demandas externas, no tiene tiempo para conocer, desarrollar
y fortalecer su propia naturaleza, ni para establecer una
relación con el mundo externo que esté en sintonía con
su ser interior.
Si no dejamos de estar condicionados y limitados por
los patrones de conducta formados durante la niñez, no
podremos avanzar en el crecimiento espiritual. Durante
los primeros años de vida, debido a la educación y a
las exigencias de adaptación al entorno, se construyen
las «formas aparentes del yo» que, a menudo, tienen

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