Marqués de Sade Justine.pdf

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Supremo, el señor de Bressac, en lugar de dejarse convertir por mí, intentó más
bien corromperme.
––Todas las religiones parten de un principio falso, Thérèse ––me decía––.
Todas suponen como necesario el culto de un Ser creador, pero este creador no
existió jamás. Recuerda en eso los sensatos preceptos de aquel «Corazón-deHierro» que, según me contaste, había trabajado como yo tu mente. Nada más
justo que los principios de ese hombre, y el envilecimiento en que se comete la
tontería de mantenerle no le quita el derecho de razonar bien.
»Si todo lo que produce la naturaleza es el resultado de las leyes que la
dominan; si su acción y su reacción perpetuas suponen el movimiento necesario
para su existencia, ¿en qué queda el soberano dueño que le atribuyen
gratuitamente los necios? Eso es lo que te decía tu sabio maestro, querida
muchacha. Así pues, ¿qué son las religiones, a partir de ahí, sino el freno con
que la tiranía del más fuerte quiso someter al más débil? Imbuido de este
designio, se atrevió a decir al que pretendía dominar que un Dios forjaba los
grilletes con que la crueldad lo rodeaba; y éste, embrutecido por su miseria,
creyó indistintamente todo lo que el otro quiso. ¿Pueden las religiones, nacidas
de estas artimañas, merecer algún respeto? ¿Existe una sola, Thérèse, que no
lleve el emblema de la impostura y de la estupidez? ¿Qué veo en todas? Unos
misterios que hacen estremecer la razón, unos dogmas que insultan la naturaleza, y unas ceremonias grotescas que sólo inspiran mofa y repugnancia. Pero
si, entre todas ellas, hay una que merezca más especialmente nuestro desprecio
y nuestro odio, Thérèse, ¿no es esta ley bárbara del cristianismo en la que los
dos hemos nacido? ¿Existe otra más odiosa?... ¿Alguna que asquee más el
corazón y el entendimiento?
»¿Cómo unos hombres razonables pueden seguir creyendo en las palabras
oscuras, en los supuestos milagros del vil inventor de este culto espantoso?
¿Existió alguna vez un farsante que mereciera más indignación pública? ¡Quién
es ese judío leproso que, nacido de una puta y de un soldado, en el más
miserable rincón del universo, se atreve a presentarse como la voz de aquel
que, según se dice, ha creado el mundo! Estarás de acuerdo conmigo, Thérése,
