Marqués de Sade Justine.pdf


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falsa filosofia; esencial demostrar que los ejemplos de virtud infortunada presentados a un alma corrompida, en la que permanecen sin embargo unos
cuantos buenos principios, pueden devolver esta alma al bien con tanta
seguridad como si se le hubiera mostrado en el camino de la virtud las palmas
más brillantes y las más halagüeñas recompensas. Es cruel, sin duda, tener que
describir un montón de infortunios abrumando a la mujer dulce y sensible que
mejor respeta la virtud, y por otra parte la afluencia de prosperidades sobre
quienes aplastan o mortifican a esa misma mujer. Pero si nace, no obstante, un
bien del cuadro de esas fatalidades, ¿sentiremos remordimientos por haberlas
ofrecido? ¿Podrá alguien molestarse por haber compuesto unos hechos de los
que se derivan para el sensato que lee con provecho la muy útil lección de la
sumisión a las órdenes de la Providencia, y la advertencia fatal de que, a
menudo, para devolvernos a nuestros deberes, el cielo golpea a nuestro lado al
ser que se nos antoja haber cumplido mejor los suyos?
Tales son los sentimientos que dirigirán nuestros trabajos, y en consideración a
esos motivos pedimos indulgencia al lector por los sistemas erróneos que
aparecen en boca de varios de nuestros personajes, y por las situaciones a
veces algo fuertes que, por amor a la verdad, hemos tenido que colocar ante sus
ojos.
La señora condesa de Lorsange era una de esas sacerdotisas de Venus cuya
fortuna es obra de una bonita cara y de una mala conducta, y cuyos títulos, por
pomposos que sean, sólo se encuentran en los archivos de Citeres, forjados por
la impertinencia con que los toma, y mantenidos en la necia credulidad que los
concede: morena, hermoso talle, ojos con una singular expresión; con esta
incredulidad muy de moda, que, confiriendo un atractivo más a las pasiones,
hace buscar con mayor ahínco a las mujeres en quienes se supone; un poco
malvada, sin principio alguno, no viendo mal en nada, y sin embargo sin la
suficiente depravación en el corazón como para haber extinguido la sensibilidad;
orgullosa, libertina: así era la señora de Lorsange.