Marqués de Sade Justine.pdf


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encantadora de los alrededores. Estoy seguro de que sentirá un gran placer de
teneros a su lado; mañana os la presento.
Llena de agradecimiento a mi vez, acepto un proyecto que tanto me conviene.
Descansamos el resto del día en Luzarches, y al día siguiente nos proponemos
llegar a Bondy, que sólo está a seis leguas de allí. ––Hace buen tiempo ––me
dijo Saint-Florent––. Si os parece, Thérèse, nos dirigiremos a pie al castillo de mi
pariente. Le contaremos nuestra aventura, y creo que esta manera imprevista de
llegar despertará su interés hacia vos.
Muy alejada de sospechar las intenciones de aquel monstruo y de imaginar
que me ofrecía aún menos seguridad que la infame compañía que abandonaba,
lo acepto todo sin temor, sin ninguna repugnancia. Almorzamos y comemos
juntos. No se opone en absoluto a que para la noche tome una habitación
separada de la suya, y después de haber dejado pasar el mayor calor, segura
por lo que dice de que bastan cuatro o cinco horas para llegar a casa de su
pariente, abandonamos Luzarches y nos dirigimos a pie a Bondy.
Alrededor de las cinco de la tarde entramos en el bosque. Saint––Florent
todavía no se había descubierto ni por un instante: siempre la misma
honestidad, siempre el mismo deseo de demostrarme su agradecimiento. De
haber estado con mi padre, no me habría creído más segura. Las sombras de la
noche comenzaban a esparcir por el bosque aquella especie de horror religioso
que hace nacer simultáneamente el temor en las almas tímidas y el proyecto del
crimen en los corazones feroces. Sólo caminábamos por senderos, y yo delante.
Me vuelvo para preguntar a Saint––Florent si realmente hay que seguir esos
caminos apartados, si por casualidad no se ha extraviado, si cree, en fin, que
falta mucho para llegar.
––Ya hemos llegado, puta ––me contestó aquel malvado, arrojándome al suelo
de un bastonazo en la cabeza que me priva del conocimiento...
¡Oh, señora!, yo no sé lo que dijo ni lo que hizo aquel hombre; pero el estado
en que me encontré me obligó a saber hasta qué punto había sido su víctima.
Cuando recuperé el sentido era totalmente de noche; estaba al pie de un árbol,
al margen de todos los caminos, magullada, ensangrentada... deshonrada, se-