Marqués de Sade Justine.pdf

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––Amigo ––le dijo «Corazón-de-Hierro», acercándole la punta de la pistola a
las narices––, comprenderéis que después de un robo semejante no podemos
dejaros en vida.
––¡Oh, señor! ––exclamé arrojándome a los pies de aquel malvado––, os lo
imploro, no me hagáis presenciar, el día de mi incorporación a la banda, el
horrible espectáculo de la muerte de este desdichado. Dejadle con vida, no me
neguéis el primer favor que os pido.
Y, recurriendo inmediatamente a una astucia bastante singular, a fin de
legitimar el interés que parecía sentir por aquel hombre, añadí calurosamente:
––El apellido que acaba de pronunciar el caballero me lleva a creer que es un
deudo bastante próximo. No os asombréis, señor ––añadí dirigiéndome al
viajero––, de encontrar una pariente en esta situación. Ya os lo explicaré más
adelante. Por esta razón ––seguí implorando de nuevo a nuestro jefe––, por esta
razón, señor, concededme la vida de este miserable. Agradeceré este favor con
la entrega mas absoluta a todo lo que pueda servir vuestros intereses.
––Ya sabes con qué condiciones puedo concederte el favor que me pides,
Thérèse ––me contestó «Corazón-de-Hierro»––, ya sabes lo que exijo de ti...
––Bien, señor, lo haré todo ––exclamé interponiéndome entre aquel
desdichado y nuestro jefe, siempre dispuesto a degollarlo...––. Sí, lo haré todo,
señor, lo haré todo, salvadle.
––Dejadlo con vida ––dijo «Corazón-de Hierro»––, pero que se enrole con
nosotros. Esta última cláusula es indispensable. No puedo hacer nada sin ella,
mis camaradas se opondrían.
El sorprendido comerciante no entendía nada del parentesco que yo
establecía, pero, al ver salvada la vida si aceptaba sus proposiciones, creyó que
no debía titu bear ni un instante. Le dejaron descansar y, como nuestra gente
sólo quería abandonar aquel lugar de día, «Corazón-de-Hierro» me dijo:
––Thérèse, recojo tu promesa, pero como esta noche estoy agotado descansa
tranquila al lado de la Dubois. Te llamaré cuando se haga de día, y si titubeas, la
vida de este bellaco me vengará de tu artimaña.
