Marqués de Sade Justine.pdf

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han dejado de casarse después y pasado por intactas. ¡Cuántos padres, cuántos
hermanos, han abusado así de sus hijas o de sus hermanas, sin que ellas se
hayan vuelto menos dignas de sacrificar después su himeneo! ¡A cuántos
confesores también no ha servido esta misma ruta para solazarse, sin que los
padres tuvieran la menor idea! En una palabra, es el asilo del misterio, donde se
encadena a los Amores con los vínculos de la prudencia... ¿Tengo que decirte
más, Thérèse? Aunque este templo sea el más secreto, también es el más
voluptuoso. Ahí sólo se encuentra lo necesario para la felicidad, y la vasta
comodidad de su vecino está muy lejos de valer los excitantes atractivos de un
local que se alcanza con esfuerzo, y en el que te alojas con trabajo. Hasta las
mujeres ganan con ello, y aquellas a las que la razón obliga a conocer este tipo
de placeres, jamás lamentarán los otros. Pruébalo, Thérèse, pruébalo, y los dos
estaremos contentos.
––¡Oh, señor! ––contesté––, no tengo ninguna experiencia sobre ese terreno,
pero he oído decir que el extravío que preconizáis, señor, ultraja a las mujeres
de una manera aún más sensible... ofende más gravemente la naturaleza. La
mano del cielo se venga en este mundo, y Sodoma puede servir de ejemplo.
––¡Qué inocencia, querida, qué chiquillada! ––prosiguió el libertino––. ¿Quién
te ha enseñado estas cosas? Préstame un poco más de atención, Thérèse, y te
haré cambiar de idea. La pérdida de la semilla destinada a propagar la especie
humana, hija mía, es el único crimen posible. En este caso, si esta semilla ha
sido metida en nuestro cuerpo con el único fin de la propagación, acepto que
desviarla sea una ofensa. Pero si queda demostrado que al colocar esta semilla
en nuestros riñones, la naturaleza está muy lejos de haber tenido el objetivo de
emplearla por entero en la propagación, ¿qué más da, en este caso, Thérèse,
que se pierda en un lugar o en otro? El hombre que entonces la desvía no ocasiona mayor daño que la naturaleza, que tampoco la emplea. Ahora bien, estas
pérdidas de la naturaleza que a nosotros sólo nos corresponde imitar, ¿acaso no
se producen en muchísimos casos? En principio, la posibilidad de hacerlas es
una primera prueba de que no la ofenden en absoluto. Estaría en contra de
todas las leyes de la equidad y de la profunda sabiduría, que le reconocemos en
