Marqués de Sade Justine.pdf

Vista previa de texto
almiares. Yo quise ampararme en la Dubois, y pasar la noche a su lado, pero me
pareció que ella tenía la intención de dedicarla a una cosa distinta a preservar mi
virtud de los ataques que yo temía. La rodearon tres, y la abominable criatura se
entregó a los tres al mismo tiempo. El cuarto se acercó a mí, era el jefe.
––Hermosa Thérése ––me dijo––, confío en que no me negaras por lo menos
el placer de pasar la noche a tu lado. ––Y como se dio cuenta de mi
extraordinaria repugnancia, añadió––: No temas, charlaremos, y no haré nada
en contra de tu voluntad. Pero, Thérèse ––continuó abrazándome––, ¿no es una
gran insensatez tu pretensión de mantenerte pura con nosotros? Aunque llegáramos a consentirlo, ¿cómo compaginarlo con los intereses de la banda? Es
inútil que te lo ocultemos, querida niña, pero hemos pensado que, cuando
vivamos en las ciudades, cazaremos a nuestras víctimas con las trampas de tus
encantos.
––Pues bien, señor ––contesté––, ya que está claro que preferiré la muerte a
esos horrores, ¿para qué puedo serviros?, ¿por qué os oponéis a mi huida?
––Claro que nos oponemos a eso, ángel mío ––contestó «Corazón-deHierro»––, tienes que servir a nuestros intereses o a nuestros placeres. Tus
desgracias te impo nen ese yugo, debes sufrirlo. Pero ya sabes, Thérèse, que
no hay nada en el mundo que no tenga remedio. Atiéndeme, pues, y decide tú
misma tu suerte: accede a vivir conmigo, querida, consiente en pertenecerme y
te evitaré el triste papel que tienes adjudicado.
––¡Yo, señor! ––exclamé––, ¡convertirme en la querida de un...!
––Pronuncia la palabra, Thérèse, pronúnciala, de un bribón, ¿no es cierto? Lo
confieso, pero no puedo ofrecerte otros títulos. Ya puedes imaginarte que
nosotros no nos casamos. El himeneo es un sacramento, Thérèse, y puesto que
sentimos igual desprecio por todos, jamás nos acercamos a ninguno. Sin
embargo, razona un poco: en la inevitable necesidad en que te hallas de perder
lo que tanto quieres, ¿no es mejor sacrificarlo a un solo hombre, que se
convertirá a partir de entonces en tu apoyo y tu protector, que prostituirse a
todos?
––Pero ¿cómo es posible ––contesté–– que no haya otra solución?
