Marqués de Sade Justine.pdf


Vista previa del archivo PDF marques-de-sade-justine.pdf


Página 1...17 18 192021289

Vista previa de texto


puerta––, eso es todo lo que puedo hacer por ti. Consiente, o libérame de tu
presencia. No me gustan los mendigos...
Corrieron mis lágrimas, fue imposible retenerlas, y creeréis, señora, que en
lugar de enternecer a aquel hombre lo irritaron. Cierra la puerta y agarrándome
por el cuello del vestido, me dice brutalmente que me obligará a hacer a la
fuerza lo que no quiero concederle de buen grado. En este instante cruel, mi
desgracia me insufla valor. Me libero de sus manos y, abalanzándome hacia la
puerta, le digo mientras escapo:
––¡Hombre odioso, ojalá el cielo, tan gravemente ofendido por ti, te castigue un
día como mereces, por tu execrable crueldad! No eres digno ni de tus riquezas,
de las que haces tan vil uso, ni siquiera del aire que respiras en un mundo
manchado por tus barbaries. Me apresuré a contar a mi hospedera la acogida de
la persona a la que me había enviado, pero cual fue mi sorpresa al ver a esa
miserable abrumarme con reproches en lugar de compartir mi dolor.
––Miserable criatura ––me dijo encolerizada––, ¿imaginas que los hombres
son tan necios como para dar limosnas a unas muchachitas como tú, sin exigir el
interés de su dinero? El señor Dubourg es demasiado bueno por haberse
portado como lo ha hecho; en su lugar yo no te habría dejado salir de mi casa
sin haberme contentado. Pero ya que no quieres aprovechar las ayudas que te
ofrezco, arréglatelas como quieras. Me debes dinero: o me lo das mañana, o te
envío a la cárcel.
––Señora, tened piedad...
––Sí, sí, piedad... ¡Con la piedad uno se muere de hambre!
––Pero ¿qué queréis que haga?
––Volver a casa de Dubourg, satisfacerle y traerme dinero. Yo le veré y le
avisaré. Enmendaré, si puedo, tus tonterías. Le daré excusas tuyas, pero piensa
en comportarte mejor.
Avergonzada, desesperada, sin saber qué hacer, viéndome duramente
rechazada por todo el mundo, casi sin recursos, le dije a la señora Desroches
(era el nombre de mi hospedera) que estaba decidida a todo para satisfacerla.
Se fue a casa del financiero, y, a la vuelta, me dijo que lo había encontrado muy