Marqués de Sade Justine.pdf


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––Qué más da, hay un exceso de súbditos en Francia. Con tal de que la
máquina tenga siempre la misma elasticidad, ¿qué le importa al Estado el mayor
o menor número de los individuos que la aprietan?
––Pero ¿creéis que los hijos, cuando son así maltratados, respetarán a sus
padres?
––¡¿Qué le importa a un padre el amor de unos hijos que le estorban?
––¡Sería mejor entonces que nos hubieran ahogado en la cuna!
––Probablemente. Es lo que se hace en muchos países; era la costumbre de
los griegos y es la de los chinos: allí los niños desgraciados son abandonados o
se les da muerte. ¿Para qué dejar vivir unas criaturas que ya no pueden contar
con la ayuda de sus padres, porque carecen de ellos, o porque no han sido
reconocidos, cuando en tal caso sólo sirven para sobrecargar al Estado con un
producto que ya le sobra? Los bastardos, los huérfanos, los niños deformes,
deberían ser condenados a muerte desde su nacimiento. Los primeros y los
segundos porque, al no tener a nadie que quiera o que pueda ocuparse de ellos,
manchan la sociedad con unas heces que un día u otro tiene que resultarle
funesta; y los otros porque no pueden resultarle de ninguna utilidad. Las dos
clases son para la sociedad como excrecencias de la carne que, alimentándose
del jugo de los miembros sanos, los degradan y los debilitan, o, si lo prefieres,
como esos vegetales parásitos que, juntándose a las plantas buenas, las
deterioran y las roen adaptándose su simiente nutritiva. A esas limosnas
destinadas a alimentar a semejante escoria, esas casas dotadas de todos los
lujos que se tiene la extravagancia de construirles, son abusos escandalosos.
¡Como si la especie de los hombres fuera tan escasa, tan preciosa que hubiera
que conservar hasta su más vil porción! Pero dejemos una política de la que no
debes de entender nada, hija mía: ¿por qué quejarse de su suerte cuando sólo
corresponde a uno mismo remediarla?
––¡A qué precio, santo cielo!
––Al de una quimera, algo que sólo tiene el valor que tu orgullo le atribuye. Por
lo demás ––prosiguió el bárbaro al mismo tiempo que se levantaba y abría la