LOS OPRIMIDOS.pdf

Vista previa de texto
97
-- Mire, no me gusta delatar a nadie, pero... fue Jairo el causante de la muerte del
ratoncito. Es más, lo mató con el zapato esa última vez que lo sacaron a usted a la
entrevista con su abogado.
-- ¡Maldito sea! ¡Claro, tenia que haber sido ese infeliz adúltero y usted tiene que haber
sido su cómplice! ¿Por qué hasta ahora viene a decírmelo?
Todo esto he tenido que decirlo en este momento, porque sentí demasiada ira, pero sé
que Mecié Dubá es incapaz de matar una mosca, menos asesinar a un indefenso
ratoncito.
La tensa situación por la que viene atravesando la prisión y los prisioneros, comenzó
la misma noche del día que Jairo recobró su libertad. No es nada desconocido para los
prisioneros que la prisión viene un grave estado de tensión, como si algo estuviéramos
presintiendo, muy pocos son los que pueden conciliar el sueño, nos encontramos todos
como en una especie de desvelo colectivo. Mi pensamiento lo tengo concentrado en
Jairo. Tengo en convencimiento de que este desvelo lo ha ocasionado el vacío que entre
nosotros lo ha dejado la partida de un compañero, es imposible que se deba a esto,
puesto que ese vacío ha sido rebosado y sobrepasado con el ingreso al pasillo del “Mono
Robayo”.
Son demasiadas las cosas que me permiten suponer o pronosticar la grave crisis que se
avecina. Entre ellas, la más grave es el nombramiento como director de la prisión
recaído en el nombre del Coronel Orlando Sumaqué. Esto representa para nosotros una
de las cosas que aumentan enormemente nuestro temor por las acciones represivas y
castigos que este sátrapa habrá de implantar. Otras de esas cosas que me impacientan
son las detenciones, por cierto injustas, a centenares de campesinos que cansados de las
promesas demagógicas del Gobierno, consistentes en darles tierras y amplias facilidades
para cultivarlas, decidieron empuñar las armas, para hacer una repartición por su
propia cuenta. Pero el Ministro de defensa se empecina en tildarlos de subversivos para
juzgarlos en consejo verbal de guerra, llamado “El juicio del siglo” en las instalaciones
de “La Picota” en la Iglesia, en donde los pobres campesinos están siendo acusados de
ser miembros activos del M-19 y en donde el Ejercito colombiano esta haciendo el peor
de los ridículos, no sólo con los campesinos, sino también ante el mundo entero. Esto sin
contar con los centenares de labriegos inocentes que el ejercito y la policía vienen
asesinando continuamente. Claro que como ellos son los que tienen acceso a los medios
de información, sacan un comunicado haciéndole creer a la opinión pública que
pertenecen a una columna de tal o cual frente armado, hasta les toman fotografías con
armas y prendas de uso exclusivo de las fuerzas del orden, para hacer aún más verídico
el engaño. Es imposible que de esta forma se pueda conseguir la paz en nuestro país.
Esto parece un polvorín muy cerca del fuego, algo así, como esos que tienen nombres
que no tienen tocayos, que fueron bautizados con ácido de batería.
También existe otro, el niño llorando y la mamá que lo pellizca, ese aliño final no
menos explosivo, consistente en la estúpida decisión que ha tomado el Coronel
Sumaqué, de implantar en la prisión el uniforme, no de prisionero, sino a su acomodo y
por su propio beneficio, si sumarle un sinnúmero de restricciones y medidas ya muy
restringidas de la libertad. Hasta hace algunos días atrás, nuestra “adorada” prisión
venia siendo una prisión con mucha democracia, donde los prisioneros podíamos
darnos el lujo de vestir como mejor nos pareciera, esto es, que con su presentación
personal cada uno podía hacer lo que le viniera en ganas. En tales condiciones, quienes
lo pueden hacer viven a la ultima moda lanzada para el mundo de los seres que viven en
