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-- No exactamente. Responde Mecié Dubá. Lo que ocurre precisamente, es que hoy es la
fiesta Nacional en la hermana República del Ecuador. La verdad es que para usted eso
no representa nada, pero para mí significa demasiado, porque dentro de poco seré un
ancianito, y habiendo vivido en ese país, quiero celebrar con honores este día, como lo
hacen todos los ecuatorianos.
-- ¿Porqué tiene que celebrar la fiesta de los ecuatorianos sacándole brillo a ese pedazo
de lata que se vinieron a dar aquí en Colombia?
Mecié Dubá no da ninguna importancia a las necias preguntas que le acaba de
formular Gustavo, sino que se limita estrictamente en hacer un comentario de
patriotismo:
-- Puedo decir, a mucho orgullo, que la integridad nacional es sumamente importante
desde todo punto de vista, pero en cierto modo las mutilaciones vienen a ser tan
necesarias, como salvadoras. No lo estoy diciendo por mi ojo, sino por que si ustedes se
ponen a analizar podrán darse cuenta que Colombia y Panamá son hoy en día lo que
debieron ser desde un comienzo, dos piases totalmente independiente. Estoy en común
acuerdo con el pronunciamiento del maestro Vargas Vila, ilustre defensor de su patria y
la soberanía nacional. Fue quien llegó a comparar la separación de Panamá con algo
tan insignificante como puede ser un mano a mano entre dos buenos toreros. Sostenía
que con el cercenamiento del istmo, lo único que le habían hecho a nuestra querida
Colombia era haberle cortado el rabo, algo muy comparable ocurrió cuando el conflicto
con el Ecuador, que por fortuna fracasaron en su intento por obtener una oreja. Fíjense
ustedes lo que está sucediendo ahora con Nicaragua, que nos quieren dejar sin con que
orinar, queriéndose apoderar de esa parte más abajo del ombligo, que viene a ser San
Andrés.
Pero en mi mente, desde que llegó el guardián con el “Mono Robayo”, tengo algo muy
preocupante, que me impacienta, con lo cual no puedo contenerme, exploto:
-- No sé si ustedes prestaron atención a lo que dijo el guardián acerca de que si habían
mandado a un nuevo huésped, era por que alguien tenia que marcharse o algo así.
¿Quién habrá de ser?
-- No sé con seguridad, pero me lo imagino. Responde Mecié Dubá.
-- ¡Ustedes lo ignoran, pero yo no! Grita Jairo y corre hacia su celda.
Para corroborar su afirmación y como para que nadie tenga que dudar de quién se
trata, Jairo Castillo saca sus zapatos de la celda, los mismos que tanto ha venido
cuidando y lo conducirán por los senderos de la libertad, comienza a darles más y más
brillo, con pedazo de tela roja, lo que él llama valletilla, la cual remoja con agua que
tiene en la tapa de una caja de betún.
Su señoría el “Mono Robayo” es uno de esos hombres que desde el primer momento
caen bien en cualquier lugar donde lleguen, aún más si donde llegan es a la prisión en
calidad de reos. También puede caer muy bien cuando se cae por su peso y su estatura,
el golpe tiene que ser muy fuerte. El “Mono Robayo” se acurruca en el piso frente a mi
celda en el pasillo, entonces le digo:
