LOS OPRIMIDOS.pdf


Vista previa del archivo PDF los-oprimidos.pdf


Página 1...81 82 838485271

Vista previa de texto


83

culmina entregándose a esa red sin que representan sus brazos. Son eternas las noches
alegres vidas por esta pareja de amores desenfrenado cuando no sale la luna y le
produce fobia cuando observa a este astro, porque la claridad no permite que su amada
Gloria llegue a visitarlo ni les permite estar en la intimidad.
La Gloria de Gustavo me trae al recuerdo a esa mujer que tanto quiero y que seguiré
queriendo hasta el fin de mi existencia. Sé que esa mujer existe y vive sólo para mí. En
muchas oportunidades, en este encierro, he tenido malos pensamientos, pero es ella
quien ha permitido la continuación de mi sufrida vida y que antes de que pueda
olvidarla moriremos los dos en el mismo estado de pureza y fidelidad inútil, en el más
allá nos reuniremos, donde siempre habrá de sentirse muy bien correspondida. Por las
noches, sólo pienso en ella, también que no puedo salir para llegar hasta donde se
encuentra, pero presiento que en el inmenso mundo todos los astros la buscan y la
acarician en mi lugar. Ella es mi aliciente, es quien me visita incondicionalmente los
domingos y festivos, ella es compañera y amor de toda mi vida.
Este episodio en relación con la luna, vino a ocupar un lugar muy peculiar en los
sueños de mi infancia. La presencia de esos rayos colándose por la ventana de la celda,
con sus fulgores de colores y esa misma evocación de ese astro, me permiten olvidar la
monotonía de esas noches, pidiendo olvidar unas cuantas noches y vivir una experiencia
diferente, lejana en el tiempo y el espacio. Me parece estar viviendo a la vez una doble
vida. Esa vida con criterio inocente de cuando se es niño, esta vida de sufrimientos que
hoy estoy padeciendo con el juicio maduro que he podido adquirir en todos estos años de
confinamiento.
Recuerdo que cuando yo tenia trece años, me encontraba con mi padre disfrutando en
una playa en un paraje solitario, en Bahía Concha en Santa marta, donde está la
hermosura más grande del mar en el mundo. Con esas partículas de luz que entran a la
celda y desaparecen con su magia de colores y figuras imaginarias, esta noche me
encuentro que he regresado de nuevo a vivir una de aquellas experiencias de mi infancia
en una noche de luna clara junto al mar en la playa. Aunque imaginariamente, puedo
ver los reflejos de esa hermosa luna brillante que caen sobre las azules aguas de ese
tranquilo mar. No quiero decir con esto que la luna haya venido a darse un refrescante
baño en las limpias y frescas aguas de aquel lugar en el mar, pero si pienso que la luna
allí vive enamorada del mar. Con timidez aún, antes de fundirse en un fuerte abrazo, se
miran, se analizan mutuamente y corren a su intimo encuentro. Al estar sus cuerpos
fundidos en uno solo, se besan tiernamente como lo harían dos seres que se aman
apasionadamente. En este momento, el mar se ha fundido extasiado por la hermosura
incomparable de la luna.
En aquel entonces, mi padre y yo, optamos por bañarnos en el inmenso mar de la
claridad de la luna, sumergiéndonos en su brillantez. Como es lógico esta vez, no
podíamos sentirnos en las aguas del Caribe, ni de cualquier océano de la tierra, sino en
las tibias aguas con peses de colores como los rayos, que deben ser los del mar de la
luna. Durante largas horas, disfrutábamos empapándonos en aquel océano de luz de la
luna. Cuando por fin decidíamos salir de aquel infinito lago, paseábamos satisfechos
por las blancas arenas chorreando gotas de lumbre y destello. Mar, luna, playa y
personas somos iguales en parte. Sus huellas quedan marcadas imborrables en blancas
arenas de aquellas exóticas playas, las mismas huellas de los pies de la luna al pasearse
excitada de amor y desenfreno por la belleza del seductor mar.
Hace unos cuantos años apenas, en otra sensación inmemorial, un poco más reciente
que la anterior, pero relacionada también con la luna, cuando yo contaba con unos
diecisiete años, me encontraba en una finca de mi abuelita en el departamento del
Cesar, en la cordillera que bordea el río Ariguaní, más exactamente en un llamado “El