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Campamento” (San Francisco de Asís); unos años antes de haber caído a la prisión, en
una de esas noches claras, veo desprenderse del cielo un inmenso chorro de luz. En ese
entonces yo ignoraba que se trataba de un satélite artificial. Hoy sé que lo son por que se
mueven con más rapidez que las estrellas o los astros. Además sé que son artificiales por
que tienen la regularidad humillativa, como todo lo que está dirigido por el imperante
poder de la mano del hambre, la ciencia, los avances y sus grandes descubrimientos,
que son incalculables y no se pueden dejar de lado. De igual forma, por el infinito
firmamento, esos satélites que a lo lejos parecen una bola de fuego, controlados sus
recorridos hacia un objetivo, no como sucede con un balón de fútbol en la cancha, sino
que su desplazamiento es completamente sincronizado y cronometizado en cada uno de
sus movimientos, como el ascensor que sube y baja constantemente sin desviarse de su
ruta o como los trolebuses que siempre van y vuelven por la misma ruta y les es
imposible desviarse.
Aquella noche me recuerda esta noche. Me llega al pensamiento que me hubiera
gustado ser astronauta para haber tenido la oportunidad de llegar a la luna como
Armstrong y todos sus sucesores que han tenido la dicha de pisar la superficie lunar.
Pienso que Cristóbal Colon se dispuso a descubrir un continente y se llevó esa gloria,
por que lo encontró como él lo suponía, claro que ya los Bikingos lo habían hecho en
varias oportunidades, pero en fin, se gano el titulo de descubridor de las Indias. Quien
sabe con que objeto Diógenes dedicó toda su vida intentando encontrar a un hombre.
Los japoneses son precursores de la sangre artificial y el computador, tal vez los más
grandes de los descubrimientos. El voyager, continua explorando nuevos y desconocidos
universos. La ciencia no se detiene, avanza día tras día. El cosmonauta, cada vez más
desea encontrar y descubrir otros planetas, que no son nuevos sino desconocidos. Todo
esto resulta muy interesante, en mi concepto, el universo es infinito y se ha ensanchado
profundamente desde hace mas de dos mil quinientos años cuando los matemáticos de
aquel entonces tuvieron ese presentimiento atrevido de suponer que el sol era de unas
pequeñas dimensiones en comparación de otras galaxias, que apenas alcanzaba a ser un
poco más grande que la antigua Grecia.
En aquel entonces vivíamos aledaño al mar, en una finca de veraneo de propiedad de
mi padre en las inmediaciones de Santa Marta en las cercanías de Bahía Concha,
cuando me trasladé a Bogotá, en aquel recorrido desde las hermosa costa Caribe, no
puedo evocar nada. Sólo recuerdo que lo hice en un vuelo comercial de S.A.N. Pero lo
que sí recuerdo es la belleza de aquella luna y también la belleza de aquella playa con
sus blancas arenas. De igual manera puedo recordar la finca, era cuidada por un negro
que procedía del archipiélago de San Andrés, nuestra hermosa isla circundada por el
mar. Era un morocho grandisimo, rarisimo y místico. Perteneciente a la secta de los
Adventistas y con su manera de actuar, era fácil deducir que estaba completamente loco.
Sólo hablaba del séptimo día y aseguraba que el día comenzaba a las seis de la tarde,
también sostenía que el primer mes del año era Abril. No efectuaba ninguna clase de
negocios el día sábado con nadie, por lo que mi padre optó por efectuarle los pagos de
sueldo precisamente este día de cada quincena, de manera que el pobre negro nunca
recibía pago alguno. Cuando el negro vio las cosas de su mismo color, le informó a mi
padre que le cancelara, sin importar qué día fuera.
El sanandresano, tenía un perro sarnoso y esquelético, con el cual acostumbraba a
jugar yo. Según decía el isleño, este animal también era adventista y que, al igual que él,
su perro guardaba los sábados. Se empecinaba en asegurar que el animalito era un fiel
seguidor de las leyes de Dios y que jamás comía carne, por que hacerlo era el peor de los
pecados. Además de que los sábados no probaba bocado alguno. Lo cierto del caso era,
que el negro los sábados castigaba al pobre perro, condenándolo al ayuno total, aparte
