LOS OPRIMIDOS.pdf

Vista previa de texto
80
-- Es una requisa de rutina. Responde el jefe. Y también tendrán, desde hoy en adelante
que usar el uniforme de la prisión.
Mecié Dubá, examina cuidadosamente el montón de uniformes. En la espalda y en el
pecho tienen una numeración, el mismo numero de la reseña. El que a mí me han
entregado, tiene el numero 22.575. esta bajeza, este imperdonable insulto, llena de gran
indignación a Mecié Dubá y explota diciendo:
-- Por los resultados que ya estamos viendo, se puede deducir que Sumaqué trabaja con
demasiado ahínco. ¿Cuánto se estará robando el flamante Coronel Sumaqué con el
contrato de estos uniformes? Para eso es que consiguen esos puestos, el serrucho de
cortar muy bien.
Mecié Dubá no recibe respuesta alguna, pero después de un efímero silencio, el
guardián que imparte las órdenes le pregunta:
-- ¿Fue que no le gustó?
-- ¿Quiere que le diga la verdad, comandante? Sinceramente, no me puede gustar. No
puedo estar de acuerdo conque se mecanice de una manera tan vil como esa a nuestra
apreciada prisión. Soy un prisionero con una gran antigüedad, la antigüedad se debe
respetar, ustedes lo saben muy bien. Soy un antiguo pecador, quiero decir que soy un
cristiano con mucha antigüedad, además de que vivimos en un país democrático y muy
libre. Hemos perdido la libertad, eso es muy cierto, pero no nuestros derechos. Lo único
que deseo es que la prisión no tenga la desgracia de perder esa libertad que nosotros ya
hemos perdido.
Como Mecié Dubá es más amante de la paz que el doctor Belisario Betancour,
continua con la palabra:
-- Le puedo asegurar comandante, que esa porquería no me la pongo. Afirma
tajantemente. Dígale a Sumaqué, que traiga a la comadre de su madrina para que le
haga poner ese uniforme.
-- ¡Ah sí! Pues se lo diré, exactamente como usted me lo ha dicho, a mi Coronel
Sumaqué y veremos a ver si se lo sostiene a él.
-- Dígale a su Coronel Sumaqué todo lo que quiera y, además agréguele de mi parte que
puede irse muy a la mierda. Confirma furioso Mecié Dubá.
-- No sea grosero con mi Coronel, porque tendré nuevamente que solicitar que se
reimplante el castigo del cepo aunque sea sólo para usted. Le dice el guardián.
-- Con mentes retrógradas como la suya, la de su maldito Coronel Sumaqué, es de
suponer que la reorganización de la prisión va a ser de la mas completa. No se conforma
con mortificarnos aún más la vida de lo que la tenemos con sus requisas, sino que llega
ahora también con su estúpida idea de unos uniformes que ni siquiera cumplen con los
debidos requisitos de la gracia profesional de las rayas. Además por lo que nos acaba de
decir, es de suponer que tiene listos los grillos y los cepos que hace siglos dejaron de
