LOS OPRIMIDOS.pdf

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-- ¿Por qué? ¿Fue usted senador? Interroga él.
-- No, Dios me libre, no seria capaz de ganarme un sueldo sin hacer nada, fui a ese
recinto alguna vez como cualquier colombiano debe hacerlo, como un simple
espectador, no como lo hacen toda esa caterva de bandidos que ocupan una silla con el
sólo propósito de andar malgastando los dineros del Estado en turismo parlamentario,
contaminado de esa gran corrupción y, en fin, donde lo único que hacen es hacer nada.
Me toco estar en uno de esos debates que realizan continuamente, haciendo el papel de
reportero, pero pienso que fracasé. Fue desde entonces que me entró la espinita de
escribir.
-- Me encuentro tomando atenta nota con el fin de corroborar lo que le acabo de decir.
Escribiendo cuidadosamente todo lo que Mecié Dubá está diciendo. Él me observa
sigiloso y me pregunta:
-- ¿Puedo confiar en su honestidad de escritor... consignará mis pensamientos
textualmente?
-- Tenga usted la plena seguridad. Sus palabras a más de haber sido tomadas
taquigráficamente, también han sido grabadas en un cassette.
-- ¿Pero la taquigrafía puede equivocarse?
-- Así es, me identifico totalmente con usted. Puede equivocarse la taquigrafía, pero la
tecnología avanza a pasos agigantados. Por tanto estoy seguro que la cinta de la
grabadora, hasta su resuello queda registrado. Ahora estoy usando esos avances y
siempre tengo la grabadora en permanente función, que no es como anotar en la
memoria.
-- Bueno, lo único que le recomiendo es que mis palabras queden consignadas tal como
las pronuncio.
-- De eso puede estar seguro, no voy a tergiversar nada. Le digo, continuó:
-- ¿Cree usted en la fidelidad? Quiero decir, en sentido general.
-- Pues verá, para serle franco, diría que algunas veces creo pero en la mayor parte
desconfío. No es mi culpa, pero tengo mis razones, no todo el mundo es fiel, ni siquiera
el mejor amigo del hombre.
-- A propósito, Mecié Dubá, ya que hemos tocado ese delicadisimo tema de las pruebas
de fidelidad, ¿tiene una foto suya para que su entrevista sea de gran ilustración?
-- Obvio mi estimado amigo, permítame un segundo y tendrá en sus manos mi perfil
griego.
Del bolsillo de su saco, Mecié Dubá extrae su billetera o archivo confidencial, como él
suele llamarle, la cual mantiene llena con toda clase de apuntes y recortes de periódicos.
Remueve éstos, coloca en mis manos una foto de medio cuerpo. En el mismo instante en
que me la entrega, Jairo y Gustavo se lanzan sobre mí, con el objeto de arrebatármela.
