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-- Ya me lo suponía, ah... eso, pues verá usted, es un poco difícil de explicar, pero lo
haré. Eso de “Mecié”, puedo decirle que viene a ser como un “Alias”, un sobrenombre
que se excedió, se sobrepasó para haber sido nombre. En cuanto lo de “Dubá”, eso viene
de mis ancestros, quienes fueron de la más alta alcurnia, un connotado apellido francés.
Lo de “Mecié Dubá” se origina de la más baja estupidez de los ecuatorianos, porque
fíjese, fue en el Ecuador donde me rebautizaron con ese vulgar nombre. Desde entonces
me llaman así.
--¿Cuál es su opinión en lo relacionado con la liberación femenina?
-- Óigame, pero usted se está saliendo de la línea. ¿Que carajo tiene que ver la liberación
femenina con los problemas de la prisión? Exclama Gustavo con gran indignación.
-- Usted no se meta que la entrevista me la están haciendo es a mí. Dice Mecié Dubá.
Periodísticamente hablando, la pregunta puede ser impertinente, pero un reportero de
los buenos, tiene el sagrado deber con su profesión, consistente en que debe formular
toda clase de interrogantes a sus entrevistados, así sean preguntas correctas, estúpidas o
capciosas. Pero, en fin, ese no es nuestro tema. Hablemos mejor del sexo débil, que no es
tan débil como muchos piensan. Aquellas a quienes tanto les interesa la igualdad, hoy se
han creado un doble problema. No soy machista, pero si realista, no podían con la carga
y buscaron doble peso sobre sus hombros, tienen que trabajar primero y luego cumplir
con las obligaciones que antes tenían en sus hogares, o sean los quehaceres de la casa.
Hasta bigote les está saliendo a esas amantes del feminismo de hoy en día. Hace algunos
años, siendo yo un adolescente, conocí a una mujer tan amante del feminismo y la tal
liberación, era tan feminista como jodida la vergaja vieja, de un carácter muy agrio, que
parecía un muleto sin amansar, con más resabios que una mula vieja. Eso si debo
reconocer, de una gran cultura, cuando se ponía a hablar con relación a la obra de
Hombreo, jamás mencionaba el caballo de Troya, sino que se empecinaba y sostenía que
tenia que ser la yegua de Troya, por que era imposible que un caballo pudiera parir.
-- ¿Desea agregar algo más para quienes lo admiran?
-- Bueno, creo que mis únicos admiradores son usted y unos cuantos jueces que tienen a
su cargo mis procesos.
-- ¿Pertenece usted a alguna secta religiosa?
-- Nací y me crié en la religión católica y además, soy muy fiel a la fe de mis
progenitores y abuelos en cuestiones religiosas. Pero las circunstancias muchas veces lo
obligan a uno a cambiar. Por ejemplo, cuando me encuentro en libertad, sólo soy
católico los días domingo y feriados. Cuando me encuentro prisionero, que ha sido la
mayor parte de mi vida, no puede existir un creyente tan completo como yo, me
encomiendo a cuanto santo se me venga a la mente y me hago bautizar en todas las
sectas religiosas que lleguen con sus mensajes de fe y alegría. Con decirle que todos los
días me encomiendo a ese santo tan milagroso llamado “sancocho”.
-- Es usted tan eficaz para hablar que me hace recordar al senado de la república. Le
digo.
