LOS OPRIMIDOS.pdf


Vista previa del archivo PDF los-oprimidos.pdf


Página 1...77 78 798081271

Vista previa de texto


79

Es una fotografía en la que un hombre joven y muy bien parecido, vestido, en lo poco
que se alcanza a observar, a la usanza antigua, de enorme parecido a Mecié Dubá.
-- ¿Oiga Mecié Dubá, ese es verdaderamente usted o su hijo? Dice Gustavo. ¿Es que se
ve muy joven en esa foto?
-- Efectivamente soy yo. Responde Mecié Dubá. No es que me vea muy joven, lo que
sucede es que soy muy fotogénico, razón por la cual quede muy bien, que eso es
diferente, además de la cantidad de trucos que existen ahora, fáciles de explicar. Mire
cuando tengo que mandarme a retratar voy a los mejores estudios fotográficos, sin
importarme lo que me cobren, con tal de que mi mejor perfil pueda quedar aún superior.
-- Volviendo a lo que estabamos, ya que tocó el tema de que hace algunos años siendo
un adolescente cuando conoció a esa mujer, ¿puede decirnos algo sobre su edad?
-- Lógico, sobre mi edad puedo decirle muchisimas cosas, pero en especial que he sabido
aprovechar segundo por segundo todo lo que va de recorrido de este siglo de los grandes
descubrimientos. Soy contemporáneo con el siglo XX, me considero su hermano gemelo,
razón por lo cual este siglo se entiende magníficamente conmigo.
-- ¿Cómo se define ante las generaciones futuristas? Le pregunto para concluir mi
entrevista.
Mecié Dubá responde sin ningún titubeo, inmediatamente:
-- Muy interesante su pregunta. Pero no puedo autodefinirme, soy sólo un prisionero.
Solamente eso puedo ser, un prisionero que me identifico mucho con Pedro Picapiedras,
porque su vida es tan accidentada como la mía. Este personaje de esa tira cómica me
recuerda profundamente mi vida real. Creo que en todos los programas de dibujos
animados, no existe otro ser que sufra más accidentes que ese pobre muñeco. De igual
manera ha sido mi existencia, ¡ah... pero he logrado sobrevivir al igual que el pobre
Pedro! Conozco mi destino o creo conocerlo, soy un hombre que hago humor, pero con
tragedias que me ha causado la vida, sé que tengo humor para hacer reír a la triste vida
porque es que tengo que reconocer que mi vida ha sido muy triste.
Cuando la entrevista ha terminado, varios guardianes llegan por el pasillo central
hasta el nuestro. Uno de ellos abre la puerta y gritando pregunta:
-- ¿Cuantos son aquí?
-- Sólo hay veintitrés celdas comandante, pero estamos veinticuatro. Responde Jairo
Castillo.
-- ¡Veinticuatro! Repite como una orden, quien al parecer lleva el mando.
El guardián, que abrió la puerta del pasillo dice entonces:
-- Desvestirse... todo el mundo, colocan sus ropas al frente de cada cual.
-- ¿Pero... qué es esto? Pregunta Gustavo.