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humano. Según la revista, de esta manera se ha logrado disminuir los índices
delincuenciales, todo gracias a esos verdugos espontáneos.
Mecié Dubá, amplio conocedor de estos temas, agrega:
-- No se le haga raro nada de esto. Henrry Allen, el despiadado verdugo de Londres,
tenia por costumbre decir que era mejor el patíbulo que ser llevado a prisión. Sin
embargo, he reflexionado muchas veces y me he preguntado: ¿porqué en nuestro país
no existe la silla eléctrica? ¡Habiendo tantos que se han ganado el honor de llevarlos a
ese castigo!
-- Desdichadamente, la pena de muerte no existe en nuestro país. Continúa diciendo
Gustavo. Porque si así fuera, me encantase ensayar lo más novedoso que existiera, no
como lo que practican aquellos verdugos regalados que mencionan en la revista, de los
acontecimientos en Taiwan. Pero si pusiese en practica los sistemas de la democracia,
así cada uno de los sentenciados tendría el derecho de disfrutar escogiendo su propia
manera de morir. Para ser más claro, que cada quién escogiera o pudiera seleccionar de
acuerdo con sus gustos, la forma de suplicio más conveniente en los intereses de su
final.
-- ¿Que forma de suplicio escogería usted Gustavo? Le pregunta Jairo.
-- Bueno... Eso ni siquiera lo había pensado.
-- Pues entonces vaya pensándolo, ¿cual es el que va a escoger? Le dice Mecié Dubá.
-- Después que me condenaran y me dieran a escoger la forma de mi ejecución, sin
lugar a dudas eligiría la pena máxima de la cultura inglesa en ejecuciones, me explico
mejor, optaría por la horca. Es la forma de morir más ordinaria que un gamín con
chequera, pero a la final, tiene sus compensaciones. Mucho antes de que la adoptarla
los ingleses, como es costumbre en ellos, el adoptar todo cuanto pertenezca al resto del
mundo, la horca figuraba como la verdadera deshonra universalmente. Este suplicio fue
nacionalizado en la Gran Bretaña y además le concedieron las más altas
condecoraciones por sus servicios distinguidos. En estos tiempos modernos, a
consecuencia de su utilización cada día en decadencia, la sociedad de hoy la mira como
una practica, como esos métodos muy civilizados, con demasiados avances en esta era
del robot y los Computadores. De cualquier modo, este método no puede ser más
ignominioso que lo otros estilos de asesinar, que la llamada sociedad estima como
métodos legales. Además en mi caso personal, si me dieran a escoger entre todos,
aceptaría la horca, por que me parece mejor. A más de ser eliminadora, no deja de ser
por demás un placer tentador.
Gustavo se prepara para agregare algo más, cuando Jairo lo interrumpe:
-- Mecié Dubá, ¿podría usted decirnos que muerte escogería?
A Mecié Dubá no le queda otra alternativa más que reconcentrarse en la clase de
muerte que tendría que elegir. Entiende, como es natural, de que no se trata en esta
ocasión de la muerte en realidad, sino que es un pasatiempo en el pasillo, es una manera
más de matar el tiempo. Comprende que de lo que se trata es de votar corriente y llenar
