LOS OPRIMIDOS.pdf


Vista previa del archivo PDF los-oprimidos.pdf


Página 1...63 64 656667271

Vista previa de texto


65

Por eso Señor, con tu ayuda, todas mis ideas y proyectos habrán de realizarse. Derrama
tu poderosa sangre sobre mi cuerpo y ampárame Señor de todos los males que sobre mí
quieran caer. Protégeme Señor a mí familia de todo mal y perturbación y consérvamelos
libres de todo mal. Mete tú mano Señor para que las cosas comiencen a funcionar
cuando tú lo estimes conveniente. Que así sea por siempre amen.
De pie, se acomoda un parche negro en su ojo faltante. Poniéndose y quitándose el
sombrero ceremonialmente, comienza a “votar vapor” como llaman en la prisión a
quienes hablan demasiado. Tengo preparada mi grabadora para captar todo lo que él va
diciendo.
-- Señoras y señores, presentes y oyentes; el tema que hoy les traigo es en referencia a
un genio despreciado y aborrecido, a pesar de ser el mejor con que hemos podido contar
en la literatura colombiana. He podido deleitarme con todas sus obras. Este hombre no
necesita presentación, ustedes ya comprenderán de quien estoy hablando. Se trata de ese
gran pensador, el maestro Vargas Vila, uno de nuestros más grandiosos creadores en
campo de la literatura, pero como ya les comenté, aborrecido y despreciado literalmente
en su propio país. Fue un verdadero fracaso como novelista. Bueno, es el concepto que
muchos tienen sobre él, menos yo. De igual forma, podríamos catalogarlo, por sus
interpretaciones de carácter religioso y sus conceptos en lo referente a la mujer. Pero no
es así en lo que se relaciona con sus estudios históricos, su idealismo político y sus
grandes conocimientos literarios, porque el maestro era una verdadera autoridad en la
materia. Merece en este campo, un respetuoso trato y por eso su nombre debe resaltar en
letras de oro, en grandes páginas de la historia nacional. No quiero herir ni engañar a
nadie si dijera que hoy en día se viene leyendo lo suficiente las hermosas obran del
inmortal Vargas Vila. Pero si puedo decir, con mucho orgullo, que algunos lo hacemos y
no tenemos porqué avergonzarnos ni ocultarlo, por que sentimos ese orgullo de patria;
es lo nuestro, lo autóctono y de los muy buenos. En los tiempos de nuestros abuelos, casi
todo el mundo leía y releía las obras del gran maestro, sólo que lo hacían donde nadie
los observara, no lo podían contar a nadie por que la misma Iglesia o mejor los curas los
excomulgaban. En la ignorancia a que tenían sometido al pueblo, algunos lo leían para
aprender a escribir, otros, sus enemigos, tenían por obligación que hacerlo con el único
propósito de instruirse para poder así desacreditar con gran arte y maestría. Lo que sí
estoy seguro que todo el mundo sabe, es que él escribía muy bien y la envidia de ellos se
nota claramente, por que después de tantos años de su muerte, sus libros continúan
hablando en su lugar, como si se tratara de su voz viva. El maestro fue en sus tiempos
duramente criticado y tildado de vulgar por aquellos que se las daban de sofisticados y
cultos, en todo el territorio latinoamericano, lo miraban como el niño malcriado, sin
modales, o mejor como el escritor malcriado y grosero por el sólo echo de expresar la
verdad, pero la verdad hay que decirla aunque hiera. En los tiempos que estamos
viviendo, hoy en día, a nadie puede fastidiarle siquiera su anarquismo filosófico. Ha
vencido la razón, hemos comenzado por apreciar la belleza de sus obras a través de los
canales de nuestra televisión. Pero su vida, ni el doctor Barnard, podría rehabilitarla de
nuevo. Nuestro más grande escritor, el maestro Vargas Vila, está muerto y sólo sus
restos, a duras penas hemos podido recuperar.
Del bolsillo de su saco, Mecié Dubá extrae su cartera, la cual mantiene inflada por el
mamotreto de papeles viejos que guarda en ella. De allí saca algunas notas manuscritas.
Su archivo confidencial, como él suele llamarle, continúa dictando su conferencia: