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mundo libre. Pudiéramos argumentar todavía que la población en prisión, mere si, con
ojos aterrorizados a la justicia, porque el convicto viene a ser el hijo despreciado y
abandonado, con vínculos muy idénticos aunque con posturas muy diferentes. La
humanidad o la mal llamada sociedad, el prisionero es cómplice entre la prisión y la
libertad. Ese circulo vicioso que se ha creado con respecto a las prisiones para
transformarlas, en lenta pena de muerte, es precisamente lo que viene a invertir esa
misma pena de muerte en la propia libertad.
Lo que resulta imposible que ese mundo libre pueda comprender, es que la pena de
muerte no significa lo peor, sino que a duras penas viene a ser uno más de tantos
castigos creados e inventados por el ser humano con el único fin de humillar aún más a
sus congéneres. No suponiendo siquiera, que la pena de muerte sólo conduciría a una
gran rebaja de sufrimientos y torturas que padecen los seres que se encuentran en
prisión. Estoy tan seguro que dejarían de hablar de este controvertido tema, como
acostumbran hacerlo con gran solemnidad, si ya hubiesen comprendido que eso es
exactamente así.
En mi caso, en mi concepto particular, puedo decir que no me importa la pena de
muerte, para mi no significa nada y me daría igual que se implante o no. Con todo lo
que me ha sucedido, ni siquiera me sorprendería padecerla por imposición de nuestras
leyes. Posiblemente soy el gemelo del primero que sentenciaron y ejecutaron a ese
castigo. Puedo ser hasta cómplice de aquellos guerrilleros que en consejo verbal de
guerra fueron sentenciados y condenados a morir en la horca o degollados en la
guillotina. Pero aún así, nada de esto me importa ni me trasnocha. Lo que sí me intriga,
me importa y me impacienta, es que sea precisamente el ser humano, quién tenga que
cometer el horrible crimen de ganar la muerte que ya han perdido, esto equivaldría a
tratar de evitar de hacer lo que ya está echo.
Es una ignominia, tan sólo especular establecer la pena de muerte en estos tiempos del
modernismo; es un anacronismo más que grotesco contra el ser humano, porque atenta
contra muchos principios y derechos fundamentales. Universalmente, la pena de muerte
ha dejado de existir, hace muchisimo tiempo. Entre ese mundo que habitado por el
libertinaje, este otro mundo de prisioneros que poblamos las prisiones, somos socios y
cómplices de la muerte y extinción de la pena de muerte. A esa pobre y desahuciada
pena de muerte le tocó la peor parte a la hora de la repartición, corrió con la misma
suerte que corrió el duelo en el campo del honor. Dejemos descansar en paz a la pena de
muerte, no podrá resucitar porque en su cuerpo yerto no hay signos vitales. Seria algo
así como tratar de reencarnar en un cuerpo vivo a un fantasma. Defender el honor
propio como la implantación de penas capitales... En campo histórico del ridículo
universal, juntos perecieron sin el más mínimo y sin gloria alguna.
Todos los sábados se efectúan simposios de gran magnitud en el pasillo, estos son
presididos indudablemente por Mecié Dubá. Según él, este es el único día que tiene
nombre propio en la Santa Biblia, razón por la cual lo ha escogido para hablar en
público. Gustavo, suele denominarlos “sábados culturales”.
Como esto se ha vuelto una costumbre, Mecié Dubá cumple su papel en el acto
solemne. Lo primero que hace es rezar u orar, al comienzo y fin de cada reunión,
cerrando su único ojo lo hace de la siguiente manera.
--- En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo Amen... Señor mío, Padre
santo, Divino Niño, Sagrado Corazón de Jesús, Espíritu Santo Bendito, José Gregorio
Hernández. Con tú inmenso poder, nadie me podrá vencer, porque sólo tu señor, tienes
el poder sobre todas las cosas que existen en el mundo. Tengo la sabiduría, el tiempo, la
energía y el dinero suficiente para realizar todos mis deseos...
