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-- Bueno, acabo de recibir una carta de Medellín, que para mí ha significado la sorpresa
más grande de mi vida. Esa carta me ha llenado el corazón de alegría y en ella veo
claramente, por qué he luchado en todos estos años. Tengo una hija y debo continuar en
mi brega, no la conozco, pero en su carta me enviado una foto y puedo ver en su rostro
que ella me necesita y desea conocer a su padre.
-- Por lo que me está diciendo, veo en esa niña una gran cualidad de nobleza, permítame
felicitarlo. Le expreso. Estas son las acciones que lo conducen a uno a reflexionar y
tomar otros senderos en un lugar como este.
-- Si a usted le parece correcto, lea la cartica que me ha mandado mi hijita. Mire usted
todo. ¿Qué le parece?
Tomo la foto en mis manos y la observo. En verdad es una jovencita muy agraciada,
las facciones de su rostro parecen el de un ángel. Entonces le digo:
-- Es muy hermosa su hija, dentro de muy poco será usted suegro, lo felicito.
Cambiando de tema y volviendo al de la pena de muerte, Mecié Dubá me dice:
-- En la historia del mundo, existen dos ejemplos escarnecedores con relación a la pena
de muerte. El primero es el caso de Nuremberg. Como le parece que la segunda guerra
mundial sembró sus hullas, dejando su cáncer póstumo con los muertos colgados en esa
ciudad. El segundo de esos ejemplos lo representa el caso de Israel, lo concerniente al
caso Eichmann, explotando en una venganza con ensañamientos
de total
incomprensión. Con esto, queda más que demostrado que a través de toda la historia de
los judíos, fue esta la primera vez que no se cobraron altos intereses. Sea quién fuere,
que investigue sobre esta historia, puede darse cuenta que los judíos quedaron
conformes con esa transacción que sobre pasó los seis millones de cadáveres en canje
por la vida de un sólo hombre. O sea que el asesinato de un asesino lo vengaron con las
vidas de esos seis millones y un poco mas, de inocentes que perecieron en las manos
criminales de Eichmann. Por esta razón, nadie ha podido descifrar el dilema de sí, la
cebra es un animal negro con rallas blancas, o un animal blanco con rallas negras. De
igual manera, nadie sabe si los perros dálmatas son perros negros con pintas blancas, o
perros blancos con pintas negras, he ahí el dilema.
En lo referente a la pena de muerte, a pesar de lo que Mecié Dubá opina, pienso que el
mundo en general, le ha venido prestando demasiada importancia a este tema. Son
muchos los años que llevan tratando de divinalizarla o abolirla, ni lo uno, ni lo otro.
Muchas veces se han despertado y se han vuelto a quedar dormidos, con la misma idea.
Lo peor de todo es que parecen ciegos, ¿cómo es posible que no se hayan podido dar
cuenta que con la pena de muerte, o sin ella, los prisioneros permanecerán siempre
igual, mientras permanezca o continúe esa antesala de la muerte que representa la
prisión? No puedo comprender por qué la humanidad se ha formado ese mito inmortal
con relación a la pena de muerte, si esto es lo más natural en todos los seres vivos. Todo
esto es producto de la deformación derivada de la monstruosidad que la han vuelto
habitual, consistente en aplicar el fenómeno de esa disposición punitiva al propio
criterio de impunidad precedente de ejercer libremente la libertad.
Siendo la pena de muerte hija adoptiva de la humanidad, ¿por qué tenemos que
mirarla con tanto horror? Y no estoy hablando de la población prisionera, sino del
