LOS OPRIMIDOS.pdf

Vista previa de texto
53
completo silencio. La quietud ha durado muy poco tiempo en esos mismos instantes una
ordenanza llega gritando hasta la puerta del pasillo.
-- ¡Eliécer Sales!
--¡Sí! Ese soy yo. Le digo.
--Tiene entrevista con su abogado.
El doctor Eduardo Molina, quien ha venido ha visitarme por segunda vez y me dice:
-- No se me vaya a desesperar, que unas cuantas semanas recobrará su libertad.
-- ¡Oh, Dios lo oiga, doctor!
-- Bien, pero para eso usted debe firmarme este poder. Me dice el pigmeo. Va dirigido al
señor juez para poder defenderlo y representarlo.
-- ¿Puedo leerlo?
Me lo entrega. Después de examinar el contenido del documento, estampo me firma y
se lo regreso. Mi doctor Molina permanece por más de una hora hablando conmigo. Me
presta toda su atención sin que pudiera notar que se haya fatigado o cansado de oírme
en ningún momento, al hablarle sobre mi vida pasada y sufrida que viene a ser la suma
de treinta y tres años de accidentada existencia, entre ellos, más de seis largos años de
prisión.
Al regresar al pasillo con mis compañeros, los tres se me lanzan a interrogarme
ansiosos:
-- ¿Qué pasó?
-- Bueno creo que todo se va a solucionar.
-- ¿Ya le firmó el poder?
-- Ya he firmado el poder. No tardará en volver otra vez.
-- ¿Qué más le dijo ese abogado? Pregunta Jairo.
-- Me ha contado un montón de cosas en cuanto a Sumaqué. Que tienen vínculos muy
estrechos con mi caso.
-- ¿Qué más? Interrogan todos en coro.
-- Bueno eso ha sido lo más importante, pero además me ha confirmado lo que todos
sabemos. El nuevo director de esta prisión será Sumaqué, con lo cual esto dejará de ser
un centro de reclusión y quedará bajo la más cruel tiranía. Les digo.
-- ¿Pero par qué tiene que ser así? Pregunta Jairo. ¿Por qué tenían que escogerlo
precisamente a él?
