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para distinguir los ojos de las orejas, lo que muy posible haya dado bases concretas para
aquella leyenda suramericana “DEL TERRITORIO DE LOS CIEGOS”. Esa gran obra
que el genial escritor Wells ha inmortalizado en sus famosas historias y que han sido
leídas por millones de personas en todo el mundo. Da la sensación que los indios Boras
son un pueblo de desquiciados, de esos pueblos ficticios creados por la tremenda
imaginación de Dalí. A mi manera de ver, no es que yo vea como ellos, no ha podido ser
otra cosa lo que dio origen a esa leyenda, es que esos indios Boras y razones sobran, por
que una sociedad que observa por los oídos, es realmente ciega y nada pueden ver,
bueno pero eso no nos importa a nosotros. De lo que sí creo estar seguro, es que los
indios Boras conforman el más fantástico pueblo de todos los que he podido conocer a
través de mi largo recorrido por el mundo. Se puede decir entonces, que allí es el
maravilloso mundo de Walt Disney, inimaginable y tan fantástico como las leyendas de
Wells.
Jairo, deja de observar sus pinturas y se acomoda bocabajo en la colchoneta, con la
mirada fija hacia donde se encuentra Mecié Dubá. Gustavo, se ha quedado dormido,
sentado en la banca. Le presto toda mi atención sin interrumpirlo por que me parece
muy interesante su alocada fantasía.
-- Mister Barrette, era un gringo grandulón de Texas y actuaba como esos estrategas de
guerra. Siempre se la pasaba diciendo que los Boras actuaban tal como si hubiesen sido
adiestrados en los batallones del ejercito norteamericano, por aquello de que estos
indígenas le rinden culto sagrado a los intestinos de sus finados. Para ellos los las tripas
vienen a ser algo así como el renacimiento, como la mejor vida después de fallecer, algo
similar a lo que nosotros creemos que vendría a ser la reencarnación divina. Ellos no
adoran ídolos ni rezan, menos se arrodillan ante nadie. Cada vez que fallece uno de sus
miembros de esa tribu, los Boros cuentan con unos jefes o caciques que son para ellos
los máximos jerarcas, quienes se han destacado por sus conocimientos y sabiduría.
Entre ellos, respetuosamente lo llaman “El Mama” que significa lo máximo. Son como
una especie de médicos sabelotodo hierbateros, magos, adivinos y cirujanos que curan el
bien y el mal. Estos personajes son los encargados de llevar a cabo, en todos aquellos
que fallecen, lo que llaman los médicos la autopsia, pero mediante un extraño ritual
muy especial y sagrado o bendito según sus creencias: Todo el tripero, es extraído y
separado del resto del cuerpo del cadáver, para luego ser enterrado inmediatamente
después de que lo rajan, dándoles sagrada sepultura en unas enormes ollas de barro.
Los despojos o tripas son disecados al sol, en unas trojas de madera, donde son
embalsamados y depositados en una especie de altar sagrado. Este lugar para ellos (los
Boras), debe ser algo así como lo que nosotros llamamos los templos o Iglesias, donde
sólo se ven montañas de tripas retostadas que destilan grasa cuando calienta el sol,
enormes pirámides en forma de momias como una colección de estatuas. Aquellos
monumentos arquitectónicos putrefactos, representarían para los Boras un horrible
cuadro de residuos inolvidables, de no ser por que ellos observan el arte tradicional por
donde oyen y escuchan los oficios religiosos por donde deberían ver, por los ojos razón
mas que suficiente para que nunca puedan apreciar ese cuadro de horror, como
tampoco podrán escuchar nada de lo que oficia los sumos sacerdotes en sus templos.
En medio de todas estas galimatías amazónicas, me estoy casi quedando dormido a
causa de ese tierno cuento de hadas que nos ha narrado Mecié Dubá. Pero me doy
cuenta que ya ha dejado de hablar o insultar a los indefensos y ausentes indios Boras no
por que nadie le este prestando atención sino por que él se ha quedado en el más