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-- De ser así, entonces me marcharé, pero le puedo asegurar que le va a costar muy caro,
eso de que el Director tiene que solicitarle audiencia con conducto regular para poder
hablar con usted.
-- Si piensa que me puede salir muy caro eso, dígale entonces que no me pudo
encontrar, que tal vez he salido de la prisión, lo que mejor se le ocurra que me pueda
salir más económico, mejor dicho dígale que no saben en donde estoy. Expresa Mecié
Dubá.
El guardián se marcha, entonces le digo:
-- ¿Porqué se le ocurrió decir eso?
-- ¿Qué cosa, que he dicho?
-- Pues hombre, lo que acaba de decirle al guardián. Que el Director, para hablar con
usted, tiene que mandarle una audiencia, por conducto regular.
-- ¡Dios mío! ¿Pero qué fue lo que hice? Creo que debe ser porque ya he vivido lo
suficiente, pero bueno, anochecerá y veremos. Ya no puedo echar pie atrás.
No del todo, pero en cierto modo, estoy de acuerdo con Mecié Dubá, porque este ha
sido de esos días en el que uno no se siente con ánimos de hacer nada más que leer: que
tenemos el tiempo estrictamente dedicado a la lectura, como cuando nos encontramos en
esos lugares de veraneo y sólo deseamos estar sumergidos en esas confortables piscinas.
En la mayoría de las obras que he Leído, he podido comprobar que hay algunos
escritores que se les dificulta hablar en público, e improvisar. Otra cosa es cuando
escriben, porque en sus obras ellos expresan el sentir y el dolor principal que padecen
hoy todas las naciones, se puede palpar la voluntad de esos pueblos y sus vivencias. Esto
lo podemos constatar al leer a Hemingway a quién no puedo dejar de mencionar por su
reconocida fama universal. Su pensamiento y su genialidad, traspasan las fronteras
norteamericanas, haciéndose participe en la guerra civil española. Más tarde emprende
viaje para llegar a la hermosa isla de Cuba, en un derroche de alegría y fiesta que nadie
sabe si termina o sí aún continua. Tiempos más tarde se traslada a París y vagabundea
por las calles de la ciudad. Caso comparable es el de Faulkner, que siendo todo lo
contrario a Hemingway; es tal su provincianismo, que jamás sale de ese condado en el
sur de los Estados Unidos, donde siempre hay esclavos, granjeros o gendarmes, todos
inmigrantes o descendientes de cualquier parte del mundo. Allí, nunca ha existido un
norteamericano legitimo. Sinclair Lewis es, sin lugar a dudas, el más completo escritor
norteamericano de todos los tiempos. Lewis, hace parte de un mundo diferente a las
ideas de todos los gringos, porque su mundo no es ese mundo con ideas capitalistas, el
mundo de este genio es habitado por seres que están hastiados de esas aspiraciones de
riquezas. En sus obras no encontramos cazadores de fortuna, sino cazadores de libertad;
en sus obras no existen hombres que vallan en persecución de otros hombres para
entregarlos a la justicia, sino que los ayudan a encontrar la salida y los orientan para
defender la libertad: aquí, no cazan fortuna, sino que compran libertad. Por eso soy un
ferviente admirador de Lewis, llegó a escribir paginas terribles sobre la justicia,
demasiado hermosas sobre la injusticia. Conceptos como estos se pueden aplicar al
sistema imperialista norteamericano y muchos otros más. Este pensador, afirma que en
los Estados Unidos la justicia sobrepasa al común, su pereza y su gordura es tal, que