LOS OPRIMIDOS.pdf


Vista previa del archivo PDF los-oprimidos.pdf


Página 1...39 40 414243271

Vista previa de texto


41

-- A los militares les va a tocar buscar asilo en la prisión. Por lo visto, el único sitio que
existe hoy protegido y seguro en todo el país, es la prisión. En su lugar, me venia para
acá, así no tendrían que ponerles guarda espaldas a los militares de alto rango.
El guardián fija la mirada en mi humanidad, observándome continuamente con ojos
de hostilidad ametralladores, de pronto me dice:
-- En esta prisión hay muchos del M-19. Si es que no estoy equivocado, Eliécer Sales
debe ser usted.
-- Si, comandante, soy yo, ¿por qué? ¿Qué ocurre?
-- He venido por usted para conducirlo a la guardia externa. Ya me había olvidado.
-- ¿Puedo saber de qué se trata? ¿Por qué me mira con ojos de tío que mira a sobrino?
-- Vamos hombre, no se asuste. Se trata de su abogado y necesita hablar con usted.
-- ¿Mi abogado? Pregunto asombrado.
-- ¡Un momento! ¿Cómo cual abogado? Grita Gustavo.
A mí alrededor, mis tres compañeros se muestran impacientes por lo que acaba de
expresar el guardián. No logro entender ni encuentro que decir a todo esto, instantes
que aprovecha el guardián para concluir.
-- En todo caso, en la guardia externa lo solicita un hombre que dice ser su abogado y
desea entrevistarse con usted.
-- Comandante aquí debe haber un error. Porque es que Elí no tiene ni juez, entonces,
¿para qué va a necesitar un abogado? Dice Gustavo.
El guardián abre la puerta del pasillo, salgo pensativo, por mi mente cruzan toda clase
de suposiciones, mientras camino cabizbajo por el pasillo central que conduce a la
guardia externa. Es un pasillo frío, húmedo y oscuro. Como llevaba varios días sin salir
del pasillo, el caminar me causa vértigos, como cuando un niño comienza a dar sus
primeros pasitos. Siento que mis pies no se afianzan en el suelo con seguridad. Me
siento tan débil como si acabara de sobreponerme a una grave enfermedad. Siento que
donde voy pisando, es una especie de altibajos en el piso. El trayecto desde el pasillo
sexto parece no terminar, no sé por qué, pero presiento que no voy a alcanzar a llegar a
la guardia externa.
Cuando por fin llegamos, encuentro solo el pequeño local destinado para las visitas de
abogados. Pero un momento después, un “ fragmento” de hombre, hace su entrada al
local, donde sólo podemos vernos las caras. Entre él y yo, nos separa una pared y nos
comunicamos por una ventanilla enmallada que parece la puerta de una jaula para
fieras. El Guardián se queda muy cerca de mí. Nos mira como si fuéramos
conspiradores, prepara el arma que porta en sus manos, listo como si fuera a disparar
contra nosotros.