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bello y ansiado que la LIBERTAD? Nada, pero es un verdadero enigma, a pesar de
encontrarse a nuestro alrededor, es casi imposible alcanzarla.
Haciendo referencia a este drama de la libertad, Mecié Dubá nos dicta una
conferencia de exhibición pirotécnica, demostrando sus amplios conocimientos
humanísticos en el ámbito mundial.
-- Durante toda mi vida, he oído hablar tanto de los derechos humanos y de la libertad,
que hasta me atrevo a pensar que estos no existen, de ser así, solo existen para unos
cuantos acaparadores. Sin temor a equivocarse, indicaba Cervantes que la libertad es el
camino. Pero mi interrogante es, ¿el camino hacia donde? ¿ Será un camino donde es
completamente imposible llegar a la meta? “LA LIBERTAD ES LA JERARQUÍA”. De
esta manera se refiere Federico Nietzsche en una de sus obras con relación a este
complicado tema. El polémico y carismático Clemenceau, con su soberbia
particularidad, decía en sus discursos que “ la libertad es el deber que cada persona
tiene individualmente” “La libertad no es otra cosa sino, la libre elección “ son las
palabras de Hegel. Respeto todas esas opiniones, pero no las comparto. A mi no me
convencen y no puedo estar de acuerdo con ninguno de estos pensadores, muy
excelentes por cierto, lo reconozco públicamente. Pero no me dejan otra alternativa, en
mi concepto me veo obligado a contradecirlos, porque aún con todas esas razones,
ninguno de estos personajes tienen razón del todo y es que resulta imposible concederles
la razón. ¿Porqué? Es muy fácil demostrarlo, en esta prisión, en este pasillo he podido
hacer un minucioso análisis y he descubierto que la verdadera libertad es la prisión, así
como la verdadera violencia es la paz.
Por unos instantes Mecié Dubá calla y el pasillo es invadido con la cálida presencia de
la ansiada libertad por todos. Cuando alguien llega a la prisión, en esos primeros días la
libertad del pasillo y de las celdas, es como un ruido delirante y perturbador; ese
estruendo al que ya nuestros corazones han olvidado pero aún subsiste un rescoldo de
esos recuerdos, que parecen venir desde muy lejos para penetrar de nuevo en lo más
recóndito de nuestras entrañas. Entonces adquiere aquí la forma de un viento
inesperado, un delirium tremens que con sus caricias nos arrebata todo esto, se lleva
nuestros pensamientos, dejándonos sólo eso, nuestros recuerdos. Pasan las horas, los
días, los meses y los años, hasta que por fin la libertad estalla y nos deslumbra como si
en nuestras manos tuviéramos la facilidad de agarrar el sol o la luna. Nuestros ojos
agobiados por el temor, la bajeza y la penumbra en que nos encontramos, quedan en
esos instantes enceguesidos al palpar nuevamente el paisaje de la LIBERTAD. Es como
si todo se mezclara; libertad, luz, ruido, tiempo, recuerdos, paisajes y aire, penetrando
así en nuestras humanidades, para comenzar a palpitar y circular por cada una de las
fibras del cuerpo, ese mar de sangre. Le concedo toda la razón a Mecié Dubá al expresar
que la libertad siempre se encuentra con los prisioneros y que la prisión es la verdadera
libertad.
Tratando de evitar que Mecié Dubá continué malgastando su palabrerío, opto por
interrumpirlo, sentando mis escasos conocimientos filosóficos.
-- En cierta forma estoy de acuerdo con usted, que en el campo de la libertad existen
muchos conceptos. Puedo enumerar una interminable lista de pensadores y
pensamientos relacionados con el tema. Pero para darle un ejemplo le nombraré sólo
tres. Si Freud, quién soñaba despierto, para él la libertad significaba un tierno y dulce
sueño. Epicteto en su línea, que era la filosofía tradicional, afirma que no hay otra
libertad sino la sabiduría. Y como tercer ejemplo le pongo el de D’ Annunzio, un super