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-- Bueno... verá usted, no puedo comprar los periódicos por dos razones. La primera,
porque los periódicos cuentan con la desventaja de que son escritos para quienes están
en la libertad y sus ediciones no las escriben en la prisión. Lo segundo es que si compro
esos pasquines, se me dificultaría comprar el papel para seguir escribiendo.
-- ¿Figuro en sus narraciones?
Se le nota algo más que ansiedad en el tono de voz a Mecié Dubá, al formularme esta
pregunta.
-- Efectivamente, Mecié Dubá. De otro modo, ¿cómo puedo decir que se trata de una
crónica si son acontecimientos generales? Usted es el mayor acontecimiento sobre lo
vivido en la prisión. Le respondo.
-- Elí, ¿usted qué piensa, soltaran a Jairo? Me pregunta Gustavo.
-- Creo que eso no lo decidimos, ninguno de nosotros. Todo depende de lo que le dicte el
corazón del juez. Le digo en respuesta.
--No precisamente del corazón del juez. Replica Gustavo. Pienso que más bien depende
del código exclusivamente.
-- No... ahí si esta usted orinando fuera del tiesto, no puede depender exclusivamente del
código. Corrige Mecié Dubá. Depende más que todo de que haya cumplido el tiempo
necesario, cumpliendo así con la causa en su totalidad, en su caso la bigamia.
Gustavo se pasa la lengua por los labios al escuchar estas palabras pronunciadas por
Mecié Dubá.
-- Eso si es de envidiar en Jairo, su delito. La bigamia es el delito más delicioso que
puede existir de todos los delitos.
No ha terminado Gustavo de pronunciar estas palabras, cuando sentimos que Jairo
llega, el guardián le abre la puerta del pasillo. Un instante después, nos encontramos los
cuatro reunidos en la celda que compartimos, Mecié Dubá y yo.
-- ¿Quién vino... el juez? ¿Qué le dijo? ¿Se va en libertad? Fueron las preguntas que le
disparábamos continuamente casi en coro.
-- No muchachos, todavía ni se nada, no alcancé a verme con el juez. Vino
personalmente, pero se le hizo tarde y no podía dejar vencer la hora judicial de una
audiencia pública de un prisionero que tiene en la Modelo, por un caso de homicidio.
Sólo me dejo razón que la próxima semana, me llamará para notificarme.

CAPITOLIO VI