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estamos juntos, comemos juntos, que convivimos bajo el mismo techo. Lo cierto es que
los cuatro cada día somos más extraños. Somos cuatro secretos encerrados en esta gran
caja de seguridad, que viene a ser la prisión, tras las rejas, protegidos y atrincherados
tras el muro de contención y sus cuatro paredes.
-- ¿Qué piensan que le ha mandado a decir el juez? Les pregunto.
-- Debe haberle mandado una conferencia sobre el Código Penal y que de inmediato lo
conduzcan a su celda bajo estrictas medidas de seguridad. Responde Gustavo. Él para
hablar sobre estas cosas es muy tajante.
-- ¿Quién sería el malparido que inventó el Código Penal? Pregunta Mecié Dubá.
-- Sin lugar a dudas, debió ser un prisionero, al igual que el trabajo lo invento un
desocupado. Argumenta Gustavo.
-- Por lo que he leído. Le digo. Es de suponer que los códigos en su mayoría son de
origen romano. No podemos olvidar que los romanos, fueron especialistas en toda clase
de códigos, son así como hoy, el mundo continúa regido por esas tradiciones muy
especializadas, consistente en aplicar y castigar con los códigos romanos. El
imperialismo romano jamás terminará, en lo relacionado a los códigos. Es muy fácil
darse cuenta de ello no más en nuestro código y en su contenido al leerlo. De reforma en
reforma, de copia en copia, de asimilación en asimilación con toda esa complicación de
cambios y traducciones, quién lea nuestro Código Penal, puede darse cuenta, aún con lo
complicado que resulta consultarlo, que se trata de un código para castigar a los mismos
romanos. Tanto nuestro Código Penal, como el de Procedimiento parecen haber sido
fabricados para infundirle miedo a Nerón.
-- ¿Ha leído usted nuestro código, Mecié Dubá? Pregunta Gustavo.
-- Eso de nuestro, no le parece que encierra mucho campo. Dice Mecié Dubá. No puedo
desperdiciar mi tiempo, además todavía me queda algo de vergüenza para dedicarme a
leer su código penal; porque mío no es.
-- Yo si me he dedicado a leerlo... Afirma Gustavo. Lo he podido leer de cabo a rabo.
Con decirle que me parece un documento muy curioso. ¿No le parece a usted así? En
nuestro código he podido observar que se ocupa y habla de todo, menos de la justicia. Si
le estoy afirmando esto es porque lo he Leído. Y en ninguna de sus paginas he podido
encontrar justicia en tan polémico documento, no sé, pero si la hay, debe ser
microscópica, algo así como tratar de buscar una aguja en un pajar.
Mecié Dubá se hace el de la oreja sorda, pero no es así. Tal vez está poniendo más
atención que todos los demás, por lo tanto no puede dejar de participar en una
conversación de tal trascendencia. Por su flamante autoridad didáctica y sus cátedras
literarias. Dice:
-- En parte me identifico con Elí Sales, en cuanto a que los códigos penales, deben ser
escritos por los prisioneros. Si nos ponemos a examinar concienzudamente, la verdadera
falla de la justicia, consiste en que tanto el Código Penal, como el de procedimiento, no
son más que una enorme estadística de crímenes, adulterada por la honradez de la