LOS OPRIMIDOS.pdf

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-- ¿Piensa usted que su celda es un apartamento? Le pregunta Gustavo.
-- ¿Qué le hace suponer a usted que no lo es? Le responde Mecié Dubá.
-- Perdóneme, pero estaba convencido que nos encontrábamos en una prisión, en un
pabellón o patio, en un pasillo, lo único que puedo ver en el pasillo son celdas que en
nada se asimilan a un apartamento.
-- Puede ser, todo eso que usted dice, no voy a quitarle la razón, pera también es mi
apartamento, mi propiedad horizontal, tengo en este edificio un apartamento que estoy
compartiendo con Elí Sales, todos los que aquí convivimos. Considero que la prisión es
mi casa, ustedes mi familia, porque ella me alberga y me cobija, aunque en contra de mi
voluntad, pero por el momento aquí vivo.
-- Bueno, pero no se enoje, lo que no sabia es, que en sus apartamentos los
GENIALHOMBRE, como usted sé autodenomina, tengan que permanecer con el
sombrero puesto.
-- No estoy enojado, pero si le puedo asegurar una cosa: Los GENIALHOMBRES
permanecemos con el sombrero puesto donde se nos dé la perra gana, de lo contrario no
son considerados GENIALHOMBRES.
Mecié Dubá lleva siempre, en la solapa del saco, una medalla. Nos ha hecho creer que
se trata de una condecoración otorgada por el gobierno nacional cuando fue como
voluntario a combatir al lado de los sandinistas en Nicaragua, contra los Somocistas, en
donde triunfó la revolución. También asegura que en esa misma guerra en campos
nicaragüenses, fue donde predio el ojo que le hace falta. Siempre que se pone a hablar
de como fue la perdida de su ojo, lo hace con tanto acento que se mezcla en su
humanidad el resentimiento aquel, al cual le falta un órgano, el inmenso orgullo de
quien ha sido condecorado.
Son demasiadas las cosas por narrar de Jairo Castillo. Entre otras por ejemplo, él es el
único que por las noches y por las mañanas se pone a rezar, esto siempre lo hace al
levantarse y al acostarse. Con su Cristo de acero entre sus manos y de rodillas frente al
catre, con la mirada implorante hacia el techo, donde él mismo ha pintado un mural tan
grande como el techo de la celda. Este trabajo de pintura lo realiza cuando tiene tiempo
libre. Pintando todo lo que se le sobreviene a la cabeza, para de esta forma forjarse la
ilusión en sus noches solitarias: Aunque sea un prisionero, al menos es libre de mirar
los poblados creados por su propia imaginación. Está separado de Mecié Dubá sólo por
la pared que divide las celdas, quién usa para dormir una pijama de seda, en la celda
siguiente, hacia el fondo del pasillo, duerme Gustavo. Yo duermo en la misma celda que
compartimos con Mecié Dubá. Gustavo, al igual que yo, no podemos darnos el lujo de
usar pijamas finas, por lo tanto nos toca dormir con unas muy ordinarias. Para Jairo es
un poco más cruel porque le toca dormir en interiores, situación de borrar la mala
impresión que la anterior broma le ha causado a Jairo. Entablo conversación con el
guardián que se encuentra en la reja donde esta ubicada la puerta de entrada al pasillo.
-- Comandante, por favor, necesito de su colaboración para que me traiga un lápiz, lo
que le sobre de esos cincuenta pesos, me hace el favor y me los trae en papel sin líneas
tamaño carta.
