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Desde hoy en adelante podré escribir, no sólo sin limitaciones, sino con mucha
comodidad, esto en razón de que al pedido que le hice al guardián, él muy amablemente
y por su propia iniciativa le añadió un sacapuntas de pasta, también, en estos mismos
días, la hermana Aída María Santoro, a quién le di algunas hojas de mis escritos para
que las leyera, me trajo gran cantidad de papel y un lápiz muy especial, porque las
puntas se van reemplazando a medida que se van agotando. Les di mis agradecimientos,
tanto a la hermana Santoro, como al guardián, al hacerme entrega de los lápices, el
papel y el sacapuntas al tiempo le pregunto al guardián:
--¿Cuánto le quedo debiendo? Y él me responde.
-- Pues... le puedo contar que no me debe nada, no me lo va a creer, pero cuando dije en
la papelería que se trataba de un encargo echo por un prisionero que está escribiendo
una historia sobre la vida en la prisión, me obsequiaron el papel y los lápices, sin
cobrarme un peso y me dieron de ñapas el sacapuntas.
--¿Entonces a quién puedo darle mis agradecimientos?
-- Bueno déselos a la libertad, es un presente enviado desde el mundo libre, muy
bondadosamente, para colaborar con la prisión.
Los guardianes suelen llamar prisión a todo lo que se encuentra de los muros hacia
dentro que aíslan el mundo exterior; de estos hacia fuera, lo denominan “LIBERTAD”.
Cuando el guardián cierra la puerta del pasillo y se retira, los cuatro nos ponemos a
discutir con relación a este tema, en lo concerniente a la libertad. Cada uno de nosotros
se ha creado un concepto particular, caprichoso y temerario, de lo es en sí la libertad, en
razón tal vez de los escasos instantes de nuestras propias inclinaciones y conveniencias
individuales. En la prisión cada quién saborea con su propio paladar, una porción
reconfortante de ese anhelado trago mágico que significa “LIBERTAD”.
Para Jairo Castillo, por ejemplo, ese pintor y lustrador de zapatos, un vagabundo que
pinta castillos en el techo de su celda, la libertad no puede ser otra cosa que un pincel y
una brocha de cualquier tamaño.
Para Mecié Dubá, ese pintoresco viejo aventurero, aficionado a la colección e
intercambiar postales, estampillas y soovenires de todos los lugares del mundo, la
libertad es un pasaporte internacional con visa abierta.
Para un estudiante bohemio y soñador que vino a despertar en una celda de la prisión,
muy bien representado por Gustavo Andrade, quién fue traído a este lugar por suplantar
la firma del hermano de su padre, se le asimila a una cuenta bancaria, la libertad es tan
autentica como quién posee una chequera falsa.
Y para mí, que aspiro a ser escritor, pero que por sobre todo aquí en la prisión, soy
uno de tantos inocentes que nos encontramos ocupando el lugar que debieran estar
ocupando otros, esa ansiedad de libertad representa otra cosa. ¿Porqué cada persona
tiene un concepto distinto de lo que significa la libertad? Cualquier ser viviente persigue
la libertad, así tenga que entregar su vida o toda su riqueza, huyendo de la humillación
de la muchedumbre, la perseguimos a cualquier precio hasta alcanzarla, si la podemos
lograr la disfrutamos y la vivimos comprendiéndola, pero para esto, nos ha tocado sufrir
y padecer bajo el yugo opresor. Todo este conflicto comienza, cuando hay más de dos
seres humanos, la razón es muy sencilla, más de dos personas jamás podrán ponerse de
acuerdo en ningún tema, menos para hablar de la LIBERTAD. ¿Aun qué puede ser más
