LOS OPRIMIDOS.pdf


Vista previa del archivo PDF los-oprimidos.pdf


Página 1...19 20 212223271

Vista previa de texto


21

convertirse en tema de meditación y en una extremada y sensible impaciencia de
espíritu, pienso que no existe nada más honroso que este lugar y estas situaciones.
Levantarse para tener que volver a acostarse en el mismo instante implica, al menos
para mí, el más cruel de los tormentos, una sentencia inaudita.
Por la imposibilidad de uno moverse, no poder leer ni escribir aun dentro de la celda a
consecuencia de la penumbra interior por temor a molestar e incomodar a mis
compañeros, decido no continuar mi conversación con el pintor y lustrador Jairo
Castillo. Entonces no me queda otro recurso sino tratar de dormir otra vez en contra de
mi propia voluntad. Acumular sueños sobre sueños, hasta cuando se me hinchen los
ojos, hasta que con el letargo sobrevenga un fuerte dolor de cabeza y que el mismo
exceso de sueño comience a convertirse en desvelo insano en todo mi cuerpo. Algo así
como almacenar sueños en mi cabeza para poder soportar y vivir en la sombría y oscura
patria de los sueños. Obligado por las circunstancias de vivir en común, tener que
acostarme en estas primeras horas del día después de haber
Presagiado el mundo exterior a través de la rústica ventana, es como sí me
autosepultara vivo en una fría tumba, tan desagradable como la muerte y aún más
agobiante que las profundidades del detestado y temible infierno.
El insomnio no es otra cosa más que el sueño en la prisión, aquí el sueño no es el
descanso sino la agonía. En este lugar nadie puede dormir, pero menos aún puede estar
despierto. Si alguien quiere dormir en la prisión tiene que hacerlo con un solo ojo, que
se encuentra uno en esa región impenetrable donde los crímenes cometidos en la carne
del hombre indefenso nadie los puede denunciar porque la víctima solo era un
prisionero. Lo dispendioso de la prisión no consiste en que esclavice ni que torture
nuestros cuerpos, sino que nos tritura con sus pesadas moles momificadoras de ese
mismo sueño forzado que tiene un cierto parecido con el sueño eterno, algo comparable
a lo que uno puede imaginarse al ser enterrado en una fosa común.
En un pasaje de la Biblia he podido leer algo que me ha llamado mucho la atención
sobre un patriarca que vivió toda su vida lleno de días. No puedo decir que vivo lleno de
días, pero sí vivo lleno de noches, con mis sueños; solo puedo despertar acostado en mi
catre en las largas noches de la prisión. Cuando yo disfrutaba de la libertad, podía
recordar mi vida con una infinita claridad silicónica, todo lo contrario me ha sucedido
desde que me encuentro en la prisión: A duras penas puedo escarbar a tientas en el
turbulento estercolero de mis endebles sueños, porque aquí me he vuelto un soñador.
La prisión no es solo para dormir los seres que aquí se encuentran prisioneros. En
esta alberca de agua putrefacta, el tiempo parece dormir el sueño eterno, porque aquí no
parece avanzar sino más bien da la impresión de retroceder, como la película de un
betemax cuando se enreda en el cassette, el trajín y el descuido. Aquí el tiempo se queda
detenido como una diapositiva, esto es lo que nos hace desesperar aún más.

CAPITULO IV

No consigo entender por qué, Mecié Dubá me trae tantos por sus caprichos tan
similares a los de mi padre. Mi abuelito, a quién no logre conocer, que según me decía
mi progenitor fue Coronel y combatiente en la guerra de Corea, trato de imponerle por
las fuerzas a su propio hijo, en este caso mi padre, que siguiera la carrera militar. Pero
mi padre se opuso a tal imposición rotundamente, al darse cuente que los militares
fueron hechos únicamente para hacer la guerra.