LOS OPRIMIDOS.pdf

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canela, es de suponer que nadie pueda creer que ese rostro es de una esposa y madre
abnegada, sino que se trata de un cuadro pintado para venerar a una virgen frustrada o
de una diosa morena, a quién veía que me perseguía por los cuatro rincones de la sala,
con sus hermosos ojos yertos de óleo retocado con gran maestría: ¿Quién había logrado
dar tanta perfección en aquellos fulgurantes ojos, que les había impartido el oficio de
interrogarme y vigilarme constantemente, tal como hoy lo hacen los guardianes?
Esa figura, estampada tan magistralmente en aquel retrato, me resultaba aún menos
atractiva cuando me ponía a razonar que ella estaba ligada a ciertas palabras necias e
imprudente pronunciadas por mi padre que significaban para mí, una confusión
espiritual en que nunca pude profundizar o investigar apropiadamente. No se porque
razón, un día me quede observando muy detenidamente el contenido de aquel retrato y
mi padre, un tanto enojado, me replicó en un tono airado y solemne, que esa misma
imagen a la que yo le dedicaba largas horas observándola con gran curiosidad, se
trataba de mi madre y que en vida, todos sus actos habían sido de una santa. Este
calificativo fue precisamente lo que me impresionó en cierto modo de una manera muy
negativa. Pecador desde mi infancia, me resultaba un imposible sentirme satisfecho
creyéndome el hijo indigno de una mujer considerada una virgen.
Semejante vergüenza pude sentirla aún más gravosa cuando en algún momento
hablando de su propia madre, un compañero de estudios en la escuela, quiso hacerme
entender con afirmaciones tajantes, que su madre era una verdadera santa. Estos
mismos conceptos los he podidos cuya conducta fuera insoportable, eran sometidos a
sendos castigos, tales como el cepo y el “palo he la mica” suplicios estos importados por
los españoles desde las épocas colonia les, con los cuales castigaban a los esclavos.
También alcance a conocer en esta prisión, los grilletes, las cadenas, los grillos y por
supuesto, los calabozos pestilentes y asfixiantes. Todos estos despiadados castigos a los
que eran sometidos por largas temporadas, contando con la suerte que tuvieran los
castigados de soportarlos, empotrados entre cuatro paredes intoxicantes y apretujados de
tal modo que casi lograban tocarse por dentro. Pero no bastaba con estas penas, a todo
esto se le agregaba como complemento que el único alimento que recibían estos pobres
desgraciados era pan y agua por una vez al día, durante todo el tiempo que
permanecieran en castigo. Se trataba pues, de algo común y corriente y para
complementar todo este cuadro de horror y dolor, mi padre imponía su autoridad,
haciéndola cumplir en esta prisión dirigida por él, con denodada energía. De esta
manera, los prisioneros por unanimidad estimaban que mi padre ejercía y se
sobrepasaba en su autoridad con demasiada crueldad.
No soy quién, ni poseo argumentos completos para juzgar la conducta de mi propio
padre en su forma y manera de dirigir o ejercer su cargo de director en aquel claustro.
Sea lo que haya sido de cualquier manera mi padre fue mi padre, de todos modos, por
los tiempos en que nos encontrábamos, él tenia que ejercer esa “justicia” aunque fuera
injusta. En el campo emocional sentía por mi progenitor. Gran afecto, gratitud y un
inmenso respeto que jamás han llegado a desvanecerse en absoluto. Pienso que este
profundo respeto ha venido aumentando en la misma medida que avanzan los años y
creo que cada vez se reafirma aun más y hasta se vinieron purificar para la perpetuidad
cuando él de este mundo infame, fue llamado para rendir cuentas dejándolo todo sin
llevarse nada. Sus hijos y su casa, adornada con esa enorme cantidad de distinciones,
condecoraciones y un sinnúmero de armas de la época que había heredado de mi
abuelito, de sobrecarga, un mamotreto de hipotecas que mi padre fue acomulando, se
encargó de ponerle las cargas aún más punzantes que las mismas espadas y mucho más
mortales que las propias armas. Cuando se llevo a cabo el juicio de sucesión y todos sus
tramites judiciales, la herencia que nos había dejado mi padre explotó en mil esquirlas.
