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-- Para un asmático, las flores son un veneno letal. Hay incluso personas que son
alérgicas a los jardines y para ellos es totalmente desagradable lo que para otros
representa una de las cosas más hermosas del mundo, a excepción de la mujer.
-- Para la mayoría de las mujeres son un adorno, anhelan que se les regale un ramo de
rosas, sobre todo cuando están enamoradas. Prosigue Gustavo. Para quienes reposan
en sus tumbas, viene a ser algo así como su ultima voluntad. Para aquellos defensores
de la naturaleza, los jardines por sus flores, son la menstruación de toda planta, porque
cuando están en su plena fertilidad, la forma de incubarse y reproducirse. A mi modo de
entender, es de suponer que para un próspero industrial, dedicado al fragante negocio
de exportación y la perfumería, las flores tienen que ser el aroma o fragancia favorita
que los enfoca hacia el subdesarrollo.
“Sin querer queriendo”, acepto también participar en la infantil conversación.
-- De todos esos ejemplos que ustedes están discutiendo. Repliqué. Son muy pocos los
afortunados. A mi manera de ver las cosas, creo que sólo quienes se dedican al oficio de
la jardinería son los únicos que aciertan. Para ellos las flores son su sostenimiento y el
de sus familias, a más de ser un símbolo de belleza, de esto no existe la menor duda, es
las flores de sus jardines sólo eso, ¡ unas bellísimas flores!
Gustavo contraataca con su labia.
-- Lo que yo quisiera saber es, ¿para qué estén cultivando unas flores improductivas?
Deberían plantar la realidad, lo cultivable. ¿Porqué perdemos el tiempo en eso?
Sembrar esas rosas es tan comparable a sembrar vidrio para que produzcan botellas.
-- Usted no se meta, déjelos a ellos con su cultivo. Al fin y al cabo, estamos en un país
libre. Reposta Mecié Dubá. Es muy posible que utilice una de ellas en el saco el día que
recupere su libertad.
-- Será más bien que las están cuidando para lucirlas el día de las madres. Pero... Por lo
visto la deben tener fallecida, para lucir una flor muerta, es que no existe nada artificial
que tenga vida. Añade Gustavo.
En lo que a mí respecta, no me gusta que mancillen nada de lo que es bello, menos a
una inofensiva flor, aún menos me gusta que me humillen. Me sentí ofendido en mi
honor por las cosas que han venido pronunciando estos prisioneros. Si bien es cierto
que existe algo que me irrita más que cualquier ofensa, no puede ser otra cosa que el
hecho de no dejar constancia del dolor e ira que esto me causa. De no hacerlo la misma
furia me hace brotar lágrimas. Entonces tengo que explotar y replicar...
-- No se equivoquen conmigo, menos usted Gustavo. No estoy cultivando rosas para mí,
ni para lucirlas en ninguna fiesta especial. ¿Quiere que le diga porqué me he tomado la
molestia de cultivarlas? Pues bien, se lo diré. Son para ponérselas sobre su caja
mortuoria, el día que saquen su cadáver de este pasillo. Con estas rosas le voy hacer una
ofrenda floral.
