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encuentran, que como tributo a las cosas hermosas que existen en el mundo, todos de
común acuerdo en el pasillo, resolvimos cuidarlas y conservarlas en una repisa que fue
instalada justamente frente a mi celda. De todas maneras, son unas flores falsas, tan
engañosas como una moneda de cuero, pero eso sí, muy bellas: algo propicio entonces,
porque vienen a ser unas flores apropiadas para el ambiente del sombrío invernadero de
la prisión.
Al término de unos cuantos meses, Jairo Castillo tomó una decisión: Se le ocurrió que
debíamos trasplantar las rosas para que se vieran más originales. Con unos ladrillos,
hicimos un cerco y pusimos un poco de tierra y así cultivamos las flores, enterrando los
alambres que imitan los tallos de las hermosas rosas naturales. Se empinan
gallardamente sobre este montón de tierra, pero por desgracia cuando sopla un furtivo
viento, al igual que cuando vienen los guardianes a practicar las requisas periódicas, ni
las rosas se escapan de las minuciosas “raquetas”, entonces las bellas flores crujen de
un modo especial, como si nos estuvieran pidiendo auxilio o como si le estuvieran
diciendo a los guardianes que en lugar de ser unas autenticas rosas del reino vegetal, no
pasan de ser más que unos simples y miserables mogólicos de plástico realizados gracias
a la tecnología moderna y sus grandes descubrimientos derivados del petróleo.
Cultivarlas, como es lógico contrae necesariamente todos los pasos técnicos y científicos
de nuestra época, la complejidad de cuidarlas para obtener algún provecho o ganancias.
Continuando con “la toma de pelo” sobre la botánica, me doy a la dispendiosa tarea del
riego día a día. Es un oficio que requiere de habilidades muy equilibradas y de una
destreza por demás hidráulica, tan bien sincronizada para esta clase de jardinería, pues
el chorro torpemente calculado, puede dañarlas al derribarlas enfangando su
hermosura.
Gustavo Andrade, no puede aceptar semejantes locuras o juegos infantiles, pero lo
cierto es que en el pasillo estas locuras, como él las llama, han logrado imponerse entre
la mayoría de los prisioneros que aquí convivimos. Hubo una ocasión en la que este
tema salió a flote, fue un día que Gustavo comenzó a hacer algunas bromas y dijo:
-- No crea que esas rosa van a perfumar el pasillo. Eso seria como creer que una vaca
pintada en un papel le pudiera dar leche.
-- No, no... Es que las flores no sólo sirven para perfumar. Responde Jairo, con la
calmada certidumbre de una ama de casa y muy seguro de lo que acaba de decir.
-- Elí podría cultivar mejor marihuana en vez de estar cultivando falsas rosas. Dice
Mecié Dubá.
Jairo sonríe. Esta es una característica en él constantemente porque siempre esta de
acuerdo con los demás en todas sus bromas, es muy raro mirar a Jairo de mal humor.
-- Me parece una estúpida idea. La marihuana tendría aquí un clima estupendo para su
crecimiento y también seria un gran negocio. Intuye Jairo.
-- El mundo no seria mundo, si todos opináramos igual. Para cada persona las flores
son algo distintas. Por ejemplo para Elí Sales son un sueño, son la inspiración y la raíz
de sus poesías. Para las abejas y los colibríes, representan su alimento por el polen y su
néctar, donde estos animalitos disfrutan libando la miel. Expresa Gustavo.
Mecié Dubá a quién le gusta sobremanera hacerse participe de estos temas, interfiere:
