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delgadas y finas, de menor peso lógicamente, muy similares a las que usan las personas
en sus cuellos en las cuales portan enormes medallas.
--¿Que significa eso? Le pregunta Gustavo.
A lo que él le responde:
-- En lenguaje común y corriente, es un símbolo de capitalismo opresor y de la tiranía,
entrelazados por medio de eslabones de plata o cualquier metal del que estén elaboradas.
Dicho en otras palabras, significa exactamente plutocracia en cadenas, que viene a ser
prisión.

-- ¿Qué dise? Intuye Gustavo.
-- Si no ha entendido en ese lenguaje se lo diré de otra manera: son lo que significan, en
lenguaje marxista, clara y sencillamente, una cadena metálica, que bien pueden ser de
plata o de oro, lo que se necesita en nuestro hermoso planeta tierra para poder ser
personas de bien y respetados por todo el mundo.
-- ¿Cómo pudo introducirlas a la prisión burlando la vigilancia de los guardianes, sin
que lo descubrieran?
-- Me toco valerme de los milagros de “San billete”.
--¿Qué quiere decir con eso de los milagros de “San billete”?
-- Como se ve que usted es muy sano... Los milagros de san billete consisten en la obra
que el dinero hace en que los guardianes se vuelvan mudos, ciegos y sordos, por lo tanto
no pueden ver nada.
-- ¿Oiga Mecié Dubá lo que no puedo entender es: Para qué quiere usted esas cadenas?
-- Tranquilo, no vaya a pensar que son para encadenarme, las he conseguido con el solo
propósito de colocárselas a sus mascotas.
-- ¿No me diga que va usted a domesticarlos?
-- Bueno, pues es... Como le pudiera explicar hombre. Mire póngale atención a lo que le
voy a decir. En los Estados Unidos, precisamente un prisionero como yo y como usted,
se convirtió en un hombre muy famoso, no puedo recordar en estos momentos su
nombre; pero sé que se apellida Stroud, ¿con qué piensa usted que logró esto? Pues vea
le cuento, este prisionero se dio a la tarea de domesticar y enseñarles a los canarios a
cantar, dentro de la misma celda de la prisión, se dio a la tarea de hacer conocer a esas
diminutas maravillas como símbolo de la libertad, cuando este norteamericano era un
prisionero, no paraba de soñar en recobrar su libertad para establecerse en un
empresario de canarios en una pequeña granja, donde se convertiría para desempeñar el
oficio de guardián de estos pobres e indefensos pajaritos. No vaya a pensar que sueño
despierto, ni que pinto castillos en el aire... No, no es que yo esté pensando volar tan alto
como este prisionero al que me estoy refiriendo. Sé perfectamente donde estoy parado.