LOS OPRIMIDOS.pdf

Vista previa de texto
12
Me causan risa todas estas cosas, ¡me lleva el diablo!, Me digo a mí mismo, pero hay
una voz interior que no cesa en decirme: ¡no hay quién pueda vencerte, debes ser tú
quién te lleves al diablo!, Piensa en tú LIBERTAD. Respetando el concepto de los
demás, lo que me parece más acertado, puede ser la crónica, aún cuando me siento más
identificado con esta última en lugar de cualquier otro medio existente, en esto no puedo
arrepentirme en un futuro, aunque también soy consciente de la realidad, porque la
crónica esta tan desacreditada como los medios antes mencionados. Pero de todos
modos, este parece ser el sistema de manifestarse con un poco de honestidad ante todos
los demás y expresar así lo que se siente y lo que se piensa. Pero ¿por qué? Se
preguntaran ustedes. Simplemente porque en la crónica, desde un comienzo, el lector
puede darse cuenta que nos es completamente sincera y que existen algunas cosas
argumentadas, pero tampoco es un presagio; como acontece como en las canciones de
amor o en los poemas. Ni siquiera puede acercarse a un acto de locura como en las
novelas, ni los trucos de las telenovelas. En este caso, no hay la más mínima intención
de crear verdades falsas como suele suceder en las obras teatrales. Mucho menos puede
tener un maquillador que afee o embellezca los rostros, lo que acontece con quienes
escriben sus memorias. No puedo posar de engreído ante nadie, por lo pedante y
engorroso, además de fatigante como vienen a resultar los ensayos, trátese de los que
fuere. Sin embargo, no engañaría al lector, sino a mí mismo, si tratara de ignorar que
tiene mucho de cada uno de los ingredientes y sustancias químicas de todos esos estilos
que he mencionado. Puede ser en lo más o en lo menos, en lo bueno o en lo malo, en lo
turbio o en lo visible. Pero también puedo asegurar que toda su participación, es en
dosis muy insignificantes. Teniendo pleno conocimiento y convencimiento de todos esos
defectos, he optado por elegir de entre todos estos sistemas por así decirlo. Mi escogencia
es la crónica porque, a mi modesto entender, es esta la forma menos ofensiva de por lo
menos intentar engañar pero piadosamente al prójimo.
Por otra parte, como mi principal campo de acción habrá de ser muy reducido aquí en
la prisión, además siendo esta tan verídica como falsa al unísono pudiéramos decir que
tiene mucha similitud con la misma literatura. Esto me conduce a suponer que la
crónica es entonces en su orden, por así decirlo, el método por excelencia y
especialmente adecuado para quienes deseamos ser o incursionar al gremio de
escritores, pero en mi caso particular con limitaciones de prisionero. Por lo menos, en
mi concepto, no me exige ni requiero de una completa dedicación. Y quién utiliza este
medio, ni tiene que andar rompiéndose la cabeza pensando, ni nada por el estilo, sino
que podemos ir llenando poco a poco, espacio por espacio, las márgenes y líneas de cada
hoja que se van hinchando con cada palabra que se escribe, todo lo demás viene
fluyendo con lo que vemos y vivimos en medio de este encierro, la soledad y el silencio.
No impone carreras ni peligro como sucede en el periodismo informativo. No, esto seria
inaudito, puesto que en la prisión no existen pistas de carrera. Es una ironía pretender
hacerlo porque para donde corras, sólo encuentras rejas, cadenas y candados que te
impiden el paso, de modo que resulta imposible tratar de correr. Por todo lo anterior y a
mi modo de ver las cosas, pienso que la crónica puede ser el medio más apropiado de
narrar, para quienes como yo dando los primeros pasos en cuestiones literarias. Me
atrevo a comparar la crónica con una cámara filmadora para imágenes de televisión,
donde el camarógrafo va recorriendo y recibiendo imágenes, que después acomoda a su
antojo, para ser mostradas a conveniencia al través de los receptores. Es algo muy
parecido a las anotaciones cotidianas en los libros de contabilidad de un comerciante, a
la fotografía instantánea de un fotógrafo ambulante, a la pubertad lírica de una chica
adolescente, a la mordaz contabilidad de un vagabundo hambriento. La crónica es algo
